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Vallas y muros

Por Sinesio López Jiménez

La segunda vuelta es una carrera con vallas: el que sepa sortearlas gana la elección. Cada candidato tiene sus propias vallas. Las de Ollanta son el programa y el supuesto chavismo del que se le acusa. Las de Fujimori forman un muro: el autogolpe del 5 de abril de 1992, el cambio de la Constitución (para imponer un modelo económico neoliberal extremo, arrebatar los derechos de los trabajadores y establecer la reelección inmediata), los asesinatos y la violación de los DDHH, los asaltos planificados al fisco (corrupción); esto es, todo el régimen de su papá que ella ha reivindicado con orgullo. El objetivo de la superación de las vallas y muros es atraer a las clases medias para obtener el triunfo electoral.

Eso implica varias tareas: el desplazamiento hacia el centro del espectro político, el despliegue de un proyecto que implique cambios en la continuidad básica del modelo económico, el diálogo con los principales dirigentes gremiales y políticos del país (pese a que estos no tienen capacidad de endose electoral), el establecimiento de varios compromisos y la presentación del equipo básico de gobierno que, por su calidad, otorgue confianza a la mayoría: el primer ministro, el presidente del BCR y el ministro de Economía. Este equipo tiene que impedir la captura de los aparatos económicos del Estado por los operadores de las grandes corporaciones para darle autonomía y eficacia y ponerlo al servicio de todos.

Ollanta tiene que vencer el miedo de la derecha y del empresariado nacional y extranjero a verse afectados en sus propiedades y en sus actividades. Los ricos tienen que entender que han perdido democráticamente la corona, pero no la cartera que puede seguir engordando sin temores. Lo que está en cuestión es el exceso de privilegios que han tenido en estas dos décadas de capitalismo sin derechos para los trabajadores. El gobierno de Ollanta tiene que ofrecerles seguridad jurídica para invertir y acumular y los ricos, a su vez, tienen que asumir la obligación de contribuir al sostenimiento del Estado y de sus políticas sociales mediante una adecuada política tributaria. Este compromiso básico tiene que ser el resultado del diálogo con los principales dirigentes de los empresarios y de los trabajadores.

¿Y el programa? ¿Qué hacer con el programa que tanto escandaliza a la derecha? El programa no es la Biblia, pero tampoco es un papelucho cualquiera cuyo destino es el tacho de basura. Una de las cosas más interesantes de esta campaña electoral ha sido la presencia de los equipos de gobierno de los principales candidatos. Todos debieran saber que los programas de los principales partidos han sido elaborados por intelectuales, técnicos y profesionales de alto nivel, formados en las mejores universidades del Perú y del extranjero. Los programas son el DNI de los partidos. A ellos no se renuncia, solo se adecúan a las nuevas correlaciones sociales y políticas y a los compromisos que contraigan las partes interesadas. De esos compromisos emergen los programas concretos.

Ollanta tiene que despejar el prejuicio de chavista que los medios de derecha alimentan. Aunque ya lo ha dicho en todos los tonos, es necesario ofrecer garantías de respeto a la libertad expresión de todos, defender la alternancia en el poder y mantener la autonomía del BCR, entre otras medidas. Keiko Fujimori tiene que vencer la resistencia de las clases medias, de los trabajadores y de las fuerzas políticas democráticas y liberales que la ven como la prolongación del gobierno de su padre. Ella misma, por lo demás, ha reivindicado con orgullo ese origen. Ahora tiene que derribar el muro. ¿Podrá renunciar a esta pesada herencia y presentarse con un rostro político nuevo? Tarea difícil, pero no imposible.

Fujimori gobernó para los ricos con el apoyo de los pobres y la resistencia de las clases medias. Reproduciendo ese esquema, es probable que los ricos voten por Keiko y las clases medias por Ollanta.

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Sinesio López Jiménez Sinesio López Jiménez

Doctor en Sociología por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), con estudios completos de doctorado en U. De París. Profesor principal de la Facultad de Ciencias sociales de la PUCP y de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNMSM, investigador del CISEPA. Miembro del Comité Asesor de la Escuela de Gobierno y Políticas Públicas de la PUCP y Coordinador de la especialidad de Política Comparada de la maestría y del doctorado en Ciencia Política en la misma universidad.

 

Se ha especializado en teoría política, política comparada, democracia y ciudadanía. Ha sido coordinador de la maestría en Ciencia Política de la PUCP y de la maestría en Sociología, consultor de la Presidencia del Consejo de Ministros, 2000-2001, asesor de la Comisión de Reforma Constitucional del Congreso, 2001-2002, Director de la Biblioteca Nacional del Perú (BNP), 2001-2006, ex-Director de Libros y Artes, revista de  cultura de la BNP y ex -integrante  del Comité Consultivo del PNUD en el Perú.

 

Es autor de los libros El Dios Mortal, Ciudadanos Reales e Imaginarios, Los tiempos de la política, coautor de varios libros de sociología y política y ha escrito muchos artículos y ensayos de su especialidad publicados en el Perú y en el extranjero. Actualmente es columnista del diario La República.