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Olvido

Hipnóticamente mirábamos el horror en todo lugar, con la mirada que no podía despegarse de las huellas de aquella crueldad. Observábamos, como debieron haberlo hecho otros como nosotros, en otras épocas, a la cercanía de la muerte: más podía la curiosidad que la búsqueda de la seguridad; teníamos que descubrir si eran reales o simplemente fantasmas que atacaban al amparo de la oscuridad, el silencio y la ignorancia. Vivir era un ejercicio privilegiado que podría terminar mañana y muchos hacíamos viajes a infiernos interiores, de los que no deseábamos volver.

Allá, en donde ya no querían estar otros, algunos persistían, para morir con botas, sobre la marcha, en el bote hundiéndose. El conteo del día era absolutamente nauseabundo, deprimente. ¿Quieres saber cuántos murieron hoy? Solo cuatro. Solo seis. Tal vez un par de desaparecidos. Uy, hoy fue todo un pueblo... Vivías con la cifra, con las lágrimas, con las historias, como una agonía, en tu cabeza. Volteabas y encontrabas tu misma mirada en otros. Citadino.

No, tú no habías tenido que echarte, en pijama, en una sucia zanja, para que no te exterminaran, mientras escuchabas como sí lo hacían con tu padre. No, tampoco tuviste que huir de noche, con lo puesto, a un país distinto. Tampoco te violó un regimiento...

¿A quién le gusta la introspección que deja muertos y heridos, que trae zombies de regreso, que buscan descanso eterno, físico y sentimental? “No nos molesten, mayoría; somos los dueños del circo y no nos interesa vuestra angustia interminable”.

Recordar es un ejercicio casi suicida –terapéutico sí–, pero que te puede cambiar el presente. Volver sobre nuestros pasos y mirar que es imposible cerrar los ojos, porque existió la pesadilla y nos dejó huérfanos de todos lados; pero he ahí nuestra fortaleza: saber lo que somos y queremos ser por lo que nos pasó. ¿Olvidar? No, gracias.

Hay 3 Comentarios
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07 de febrero de 2012 | 19 hrs
escribe:

Desgarrador pero muy bueno. Recuerdar es volver a sufrir pero se debe hacer para no repetir los mismos errores que permitieron el terror. O que lo prolongaron.
Los de nuestra edad saben bañarse con balde, estudiar con velas, eludir un toque de queda pero sobre todo tirarse al piso abriendo la boca cuando los vidrios tiemblan y las balas vuelan, habilidades que a mucha gente algo más joven le parecerán inútiles pero que nos permitieron vivir y sobrevivir en esta eterna ciudad del olvido.

07 de febrero de 2012 | 15 hrs
escribe:

Realmente, un excelente artículo. Ojalá lo leyeran aquellos que dicen que los testimonios de los campesinos asesinados o torturados son puro teatro, y que la CVR estuvo conformada por los "caviares", como ellos llaman a la gente sensible que busca la justicia social.

07 de febrero de 2012 | 14 hrs
escribe:

Excelente articuló. No debemos olvidar todo lo que pasamos. Si ahora muchos ignoran todo lo que el país sufrió en otras décadas es tal vez porque no queremos entristecer a los mas jóvenes con la pena que se volvió parte de todo lo que ahora somos.

Este es sin duda uno de tus mejores escritos.

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Sara Cortez Pautrat Sara Cortez Pautrat

Sara Cortez Pautrat (@dreampicker)estudió Arte, Comunicación Audiovisual y Periodismo. Esespecialista en Imagen Corporativa, Contenidos Web y Social Media. Ha publicado “Espejo a la deriva” (2001), libro de poesía. Artistaplástica, ha expuesto en diversas galerías locales y sus dibujosilustran varias publicaciones. Blogs: www.dedoilustrado.com.

todaslaspalabrassoncombinables.blogspot.com(personales) y sillaeclectica.wordpress.com/(cultural) Actualmente se encuentra viviendo en el exterior.

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