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El que a hierro mata…

La muerte de tres delincuentes abaleados por sus potenciales víctimas en Lima y la movilización de los transportistas de la ciudad de Trujillo que protestaron por el pase al retiro de un coronel de la policía acusado de organizar escuadrones de la muerte para asesinar a decenas de delincuentes parecen instalar un estado de ánimo en la población de imprevisibles consecuencias.

Según una investigación de Ipsos /Apoyo, un 31% de los encuestados considera que las personas deben portar armas. El 92% piensa que una persona que asesina a un delincuente al defenderse no merece ningún castigo. Un 82% consultado por elcomercio.pe en un sondeo (se entiende que entre personas que tienen acceso a Internet, presumiblemente de clase media) afirma que piensa adquirir un arma para defensa propia. La preocupación por la seguridad personal es extendida.

¿Es grave la violencia en las ciudades peruanas? Si nos atenemos a los resultados de un estudio publicado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal de México, hecho en base a la información que los propios gobiernos han subido a Internet (http://bit.ly/yZwSv9), no estamos entre los países más golpeados por la violencia. Las ciudades que ocupan los 10 primeros lugares en esta investigación se concentran en 4 países: México con 5 ciudades, Brasil con 2, Honduras 2 y Venezuela una. Aunque 40 de las 50 ciudades más violentas del mundo están en América Latina, ninguna ciudad peruana figura en la lista. Por supuesto, esto no significa que vivamos en el mejor de los mundos: ahí está el incremento de la delincuencia en Lima y Trujillo para recordárnoslo.

Que dos jóvenes dispararan a matar contra sus agresores ha provocado una ola de adhesiones que en algunos casos, más allá de reivindicar el derecho a la legítima defensa, los presenta como héroes populares: vengadores ciudadanos, un sentimiento similar al provocado en Trujillo por los métodos del coronel PNP Elidio Espinoza. Esto es grave, pues no es lo mismo identificarse con quien quita la vida a otro como recurso último para defender la propia que aplaudir el disparar a matar como una manera de “ejercer justicia”. Es bueno recordar que en el Perú no existe la pena de muerte.

En su clásico estudio La violencia y lo sagrado, Rene Girard afirma que el paso decisivo que dio la humanidad hacia la civilización fue renunciar a ejercer la violencia por mano propia para vengar los agravios y delegar la función de juzgar los crímenes y sancionarlos a un aparato impersonal al que se le delegó el monopolio de la violencia legítima: el Estado. Con una abundante evidencia empírica, Girard muestra cómo la violencia privada genera una espiral de represalias y contrarepresalias que termina destruyendo desde dentro a las sociedades que caen en esta dinámica mortal. Quienes se entusiasman con la imagen de los “vigilantes” o “vengadores” suelen perder de vista cómo, en lugar de detener la violencia, este camino suele llevarla a niveles inmanejables. La violencia por mano propia no detiene a la delincuencia. Pero, muertos a tiros atracadores que actuaban armados de cuchillos, sus sucesores empezarán a dotarse de armamento más contundente para ejercer sus fechorías, y esto eleva las cotas de la violencia a niveles muy por encima de lo que fue el punto de partida inicial.

¿Cómo se las arreglan los policías británicos –los bobbies– que llevan como única arma una porra de goma? En Inglaterra está prohibido portar armas de fuego, y solo poseen estas legalmente los cuerpos especiales de seguridad. Como poseer una pistola es ya un delito penalmente punible, la violencia delincuencial –que por supuesto también existe– cobra un menor número de víctimas mortales. Compárese esta experiencia con las masacres masivas perpetradas estacionalmente en los EEUU por ciudadanos –anónimos hasta el día anterior a su estallido– que descargan sus frustraciones tomando sus fusiles adquiridos legalmente y acribillando a sus vecinos.

Aún está en nuestras manos escoger entre exigir al Estado que asuma responsablemente el reto de la seguridad ciudadana o rodar por la pendiente de la justicia por mano propia.

Hay 10 Comentarios
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17 de enero de 2012 | 18 hrs
escribe:

Ojo, que el profesor Nelson manrique no está condenando en ningún momento a los jóvenes que defendieron sus bienes y sus vidas con armas de fuego, lo que está haciendo es poner énfasis en que el Estado no está a la altura, y que tiene una tarea pendiente. Ese es el punto.

17 de enero de 2012 | 16 hrs
escribe:

Vivo solo con mi señora y siento que tener un arma a la mano es como tener un angel de la guarda. Como me defiendo si tres o cuatro ladrones entran a robar a mi casa y para no dejar testigos nos matan...?

17 de enero de 2012 | 13 hrs
escribe:

Que un estudiante universitario vaya con un arma de fuego ya deberia ser motivo de alarma. Y que no exista otra version de los hechos, salvo la suya, más aún.

17 de enero de 2012 | 12 hrs
escribe:

Cuando un ladrón asalta con arma blanca o arma de fuego, lo más probable es que hiera o mate a su victima. A ellos les preocupa más ser reconocidos posteriormente que la vida de sus víctimas. No me daría asco meterle un plomazo a un delincuente que atente contra mi vida. Lo que me preocupa es que la gente no entrenada porte armas. Eso multiplica el riesgo de sus vidas.

17 de enero de 2012 | 12 hrs
escribe:

El dia q aplique verdadera JUSTICIA en todos los ambitos,Politicos honrados,Profesionales a carta cabal,Policias y militares honestos,Empleadores reconociendo el trabajo de sus empleados,consumidores recibiendo un servicio justo.Autoridades administrando y dando buenos servicios a sus vecinos,vecinos pagando por esos servicios,cero corrupcion no solo de los politicos,sino del publico en general.Quizas se logre vivir en armonia.

17 de enero de 2012 | 11 hrs
escribe:

Yo no diría "el Estado tiene la culpa", porque el Estado es un ente inimputable, no es pensante, no tiene intención, no tiene voluntad. Pero quienes si lo tienen son los que lo manejan, lo dirigen y controlan, es decir los que ocupan cargos en las instituciones estatales. Estos tienen nombre propio y son los responsables de la situación en la que vivimos y a ellos debemos pedirles cuentas.

17 de enero de 2012 | 10 hrs
escribe:

Sr. Manrique, ¿Sostiene que el joven estudiante debió esperar a ser clavado con el cuchillo y estarse desangrando para recién poder hacer uso de su arma como defensa propia? ¿Debió permitir el empresario Llanos que secuestren a su novia porque según Usted la única justificación de la legítima defensa es cuando se amenaza la vida propia? Creo que hay un recurrente trasfondo maniqueo en su argumentación Sr. Manrique que debería tratar de evitar.

17 de enero de 2012 | 09 hrs
escribe:

Señor Manrique, lo que usted dice, tiene mucho de verdad. La gente toma a las pocas personas que se defienden de un asalto, como heroes.
Pero esto sucede por que el estado no funciona(Policias, Jueces y fiscales, traban la justicia en vez de agilizarla y ante esto la población decide defenderse.
¿De quién es la culpa?,¿De la población?...No lo creo...Del estado, SI.

17 de enero de 2012 | 08 hrs
escribe:

por el lado del estado la falta de institucionalidad, desatención a las mayorías y la corrupción arraigada es la placenta principal de la violencia delicuencial

17 de enero de 2012 | 08 hrs
escribe:

Es triste ver el punto al que hemos llegado, que cada quien tenga que tomar la justicia por su propia mano por que la justicia en este pais no funciona, que la gente comience a regosijarse por la muerte de una persona en ves de preocuparse por el nivel de violencia en que vivimos, terminaremos aplicando la ley del Talion hasta ahogarnos en nuestra propia sangre.

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Nelson Manrique Nelson Manrique

Nelson Manrique Gálvez nació en Huancayo en diciembre de 1947. Es historiador y sociólogo. Obtuvo una maestría en la Universidad Católica del Perú, y un doctorado en Historia y Civilizaciones en la École de Hautes Etudes en Sciences Sociales de París, en la escuela francesa de posgrado.

 

Profesor en varias universidades de Lima, también se desempeña como periodista y columnista. Su trabajo lo focaliza en temas de historia social y violencia política. Es un estudioso de las nuevas tecnologías y de la red global.

 

Nelson Manrique es un autor muy prolífico, entre sus libros tenemos: “¡Usted fue aprista! Bases para una historia crítica del APRA” (Lima: Fondo Editorial – PUCP, 2009), “La piel y la pluma. Escritos sobre literatura, etnicidad y racismo” (CDIAG y SUR, Lima, 1999), La sociedad virtual y otros ensayos” (Universidad Católica del Perú, Lima, 1997), “Género, clase y etnia. En tiempos de ira y de amor: nuevos actores para viejos problemas”. Desco, 1990. Cada martes publica su columna de opinión titulada En Construcción, en el diario La República.