Por Nelson Manrique
Es muy ilustrativo comparar la huella intelectual de Haya de la Torre con la de José Carlos Mariátegui, su contemporáneo. Mariátegui nunca ejerció un cargo público ni tuvo poder a lo largo de su corta vida. Luego fue combatido, primero, y olvidado, después, durante décadas por el PC que lo reclamaba como su fundador. Su obra llegó a ser conocida recién en la década del 50, gracias a la tenaz devoción de su viuda, Anita Chiappe, y de sus hijos. Sus Obras completas fueron puestas al alcance de centenares de miles de lectores en sucesivas ediciones económicas. Los 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana se han editado centenares de veces y han alcanzado el sitial del libro más leído del Perú.
La vida y obra de Mariátegui siguen concitando el interés y la pasión de muchos estudiosos peruanos y extranjeros y existe una vivaz actividad intelectual en torno a su obra. Su biobibliografía sigue ampliándose continuamente, se han editado centenares de libros dedicados a su obra y otros tantos a la edición de nuevos materiales suyos, como sus Escritos juveniles y su Correspondencia. La revista Amauta y el periódico Labor han sido objeto de sendas ediciones facsimilares. Una voluminosa revista anual, los Anuarios mariateguianos, difunde los nuevos estudios sobre su obra. La casa que habitara, en el jirón Washington, ha sido convertida en un museo, la Casa Mariátegui, con su correspondiente biblioteca, donde se realiza una permanente labor de estudio, investigación y difusión.
El contraste con Haya no puede ser más sorprendente. El antimperialismo y el Apra, su libro más importante, fue editado en Santiago de Chile en 1936 y no volvió a publicarse durante décadas porque Haya de la Torre rechazó su reedición, según lo narra LAS, su biógrafo y amigo personal. Un destino similar sufrió Treinta años de aprismo (México: Fondo de Cultura Económica, 1956). Recién a inicios de la década de los 70 Haya autorizó la impresión de ambos textos en el Perú, presionado porque desde 1968 el gobierno militar de Velasco Alvarado estaba realizando las reformas que él había demandado en los años 30. Era necesario reverdecer los viejos lauros revolucionarios, que habían sido discretamente puestos en la sombra luego de la alianza con la oligarquía, aunque el discurso antioligárquico y constituía la razón de ser del aprismo, según el propio Haya.
Las Obras completas de Haya fueron publicadas en vida de su autor, en 1976. Son incompletas y sus omisiones parecen pensadas para dificultar el estudio de su pensamiento. No tienen un epistolario, a pesar de que la comunicación postal jugó un papel decisivo en la historia del Apra. Sólo Luis Alberto Sánchez publicó la correspondencia que mantuvo con Haya entre 1930 y 1956, en dos volúmenes (Lima: Mosca Azul Editores, 1982), pero las cartas se interrumpen un par de semanas antes del inicio del cogobierno entre el Apra y la oligarquía, y en adelante apenas se incluyen tres cartas anodinas hasta 1970. La ausencia de debate sobre la producción de Haya ha hecho innecesaria la reedición de las Obras completas: la colección puede adquirirse hoy a muy bajo costo, en librerías de segunda mano.
Poco después de la muerte de Haya se planeó convertir Villa Mercedes en un museo, pero el proyecto terminó en un escándalo público, cuando se supo que había sido comprada por dirigentes apristas con dinero de Carlos Landberg, el narcotraficante más importante de la época. Recién ahora, tres décadas después, Carlos Roca ha sido encargado del Museo y planea abrirlo al público.
Aunque el Apra ha estado varias veces en el poder desde 1945 no se ha hecho gran cosa para reparar estas omisiones.
Haya de la Torre es demasiado importante para el país –no sólo para los apristas– como para merecer esa especie de segunda muerte a la que se le condena al convertirlo en un ícono inerte, que todos citan y nadie lee.
