7 de Febrero del 2012 21°C Tipo de cambio US$ Compra S/.2.693 Venta S/. 2.695
Loading

Reencarnación y corrupción

11
Enviar a un amigo

Por Nelson Manrique

Una de las mayores sorpresas que me ha deparado interesarme en la historia del Apra ha sido descubrir que hoy, en pleno siglo XXI, hay apristas que sinceramente creen –literal, no figuradamente– que Alan García es la reencarnación de Haya de la Torre. Hay un elemento que puede ayudar a entenderlo: Haya tenía inclinaciones ocultistas y en más de una oportunidad habló de sus relaciones con los muertos, especialmente con Manuel Arévalo. Lo sorprendente es que estas ideas hayan sobrevivido a la desaparición del gran caudillo.

¿Qué tal lo hace García como hipotética reencarnación de Haya? A favor, debe reconocérsele ser un gran orador, poseer un notable instinto político –que le ha permitido ocupar, dos veces, la presidencia que le fue esquiva a Haya–, una gran voluntad de poder, así como un ego desbordante.

Donde las diferencias aparecen irreconciliables es en la limpieza moral del fundador del aprismo, y esta es una diferencia insuperable que va más allá de las circunstancias que pudieran alegarse como atenuantes. El Apra ha estado asediada por la corrupción en cada oportunidad en que ejerció el poder, pero con Haya la podredumbre no alcanzaba a la cúspide, aunque él mismo se manifestara impotente para detenerla.

Es instructivo releer su correspondencia con LAS. A comienzos de 1955, en vísperas de la alianza con la oligarquía que se plasmó en la convivencia, corría el rumor de que Haya planeaba quedarse en Europa. Sánchez entonces le envió una larga carta, conminándolo a retornar para retomar la dirección del partido. “He dado una larga batalla –escribió– considerando que tu presencia es indispensable, la he dado durante largos y duros años, en que la náusea me visitó el gargüero día tras día. Soy congruente con esa opinión” (V.R. Haya de la Torre y L.A. Sánchez: Correspondencia 1924-1976. Lima: Mosca Azul Editores, 1982, tomo 2, p. 194).

Haya le contestó desde Ginebra, el 4/2/55. En su carta se quejaba de sus penurias materiales y reconocía que planeaba quedarse en Europa (permaneció allí los 15 años siguientes). Criticaba luego acremente a sus compañeros por no asumir los gastos partidarios, al mismo tiempo que esperaban que él les allanara, una vez más, el camino hacia los codiciados puestos públicos: “Sigue saliendo la voz de ‘tienes que venir’ y ‘tienes que volver a tendernos la cama y a calentarnos el agua como el 45’”.

La experiencia del periodo 1945-1948, cuando el Apra cogobernó con José Luis Bustamante y Rivero, había sido traumática para él, por el grado de corrupción que minó al Apra; tanto que le costaba aceptar volver a ser candidato presidencial. “No me he curado –afirmaba– de un asco orgánico que se me subió hasta los pelos en la experiencia anterior. Esto es algo muy de adentro, muy de mi corazón” (ídem, p. 201). En otra carta, enviada dos semanas después, añadía: “En gran parte tuve que cargar con yerros y faltas de visibilidad de otros, o que cohonestar actitudes desaforadas y excesivamente ambiciosas que me era imposible controlar. Eso comenzó arriba y pasó abajo. Yo creí que con mi ejemplo de no aceptar ni una senaduría ni un puesto municipal iba a edificar. Pero ¡lo que cada cual pretendía!” (íd., p. 215).

Al juzgar esa etapa histórica, Luis Felipe de las Casas –uno de los dirigentes que más ascendiente alcanzaron entre la juventud aprista– ratifica esta opinión: “Este proceso se inició insensiblemente en 1945...Como el cáncer, oculto en sus comienzos, estas desviaciones proliferaron por lo bajo, sin síntomas visibles que lo delataran, sin dolores, sin sentirlo, hasta hacerse finalmente presentes en 1948. Sólo cabía la decisión drástica: extirpar y podar a fondo. El oportunismo avanzó palpable en el segundo gobierno de don Manuel Prado, en 1956, al recuperar la legalidad y confundirse la convivencia democrática con la connivencia de una política criolla” (Luis Felipe de las Casas: El sectario. Lima: ItalPerú, 1981, pp. 239-240).

Si acaso ha habido reencarnación, esta no ha incluido la honradez de Haya de la Torre.

11
Deja tu comentarioHay 11 Comentarios

Enviar un comentario nuevo

CAPTCHA de imagen
Introduzca los caracteres que aparecen en la imagen.
Nelson Manrique Nelson Manrique

Nelson Manrique Gálvez nació en Huancayo en diciembre de 1947. Es historiador y sociólogo. Obtuvo una maestría en la Universidad Católica del Perú, y un doctorado en Historia y Civilizaciones en la École de Hautes Etudes en Sciences Sociales de París, en la escuela francesa de posgrado.

 

Profesor en varias universidades de Lima, también se desempeña como periodista y columnista. Su trabajo lo focaliza en temas de historia social y violencia política. Es un estudioso de las nuevas tecnologías y de la red global.

 

Nelson Manrique es un autor muy prolífico, entre sus libros tenemos: “¡Usted fue aprista! Bases para una historia crítica del APRA” (Lima: Fondo Editorial – PUCP, 2009), “La piel y la pluma. Escritos sobre literatura, etnicidad y racismo” (CDIAG y SUR, Lima, 1999), La sociedad virtual y otros ensayos” (Universidad Católica del Perú, Lima, 1997), “Género, clase y etnia. En tiempos de ira y de amor: nuevos actores para viejos problemas”. Desco, 1990. Cada martes publica su columna de opinión titulada En Construcción, en el diario La República.