Dos hechos, acontecidos después de la liberación de los 36 trabajadores de Camisea que columnas senderistas mantuvieron como rehenes durante 5 días, han demolido la versión del operativo militar “exitoso” e “impecable” elaborada por los asesores de imagen del gobierno.
La conferencia de prensa ofrecida por Martín Quispe Palomino, “camarada Gabriel”, a La República y otros medios informativos, en plena selva, en el escenario de guerra donde supuestamente columnas militares estaban persiguiendo a los senderistas que él dirige, para capturarlos, vivos o muertos, ha puesto en la picota la credibilidad de quienes dirigen la guerra en el VRAE. Que los senderistas hayan sido ubicados por periodistas mientras que aparentemente permanecen invisibles para los aparatos de inteligencia del Estado ha hecho quedar en ridículo al gobierno. Que los asesores del gobierno ganen la guerra psicosocial en los medios no hace avanzar nada en el enfrentamiento contra el narcosenderismo, y por el contrario sirve para adormecer la atención que el país debiera prestar a esta amenaza.
La reacción del ministro del interior Luis Alberto Otárola, acusando a los medios de dar “tribuna para un asesino”, muestra su frustración porque la versión triunfalista que brindaron al país haya hecho agua tan rápidamente. Pero es gracias a la prensa que las fallas y errores cometidos se han hecho conocidos (¿alguien cree que los habría divulgado el gobierno?), lo cual es imprescindible para introducir los correctivos que la situación exige.
Tres columnas publicadas por Gustavo Gorriti (“Combate en Postakiato”, http://bit.ly/I39STI, IDL reporteros, 14.4.12, “El abandono”, http://bit.ly/JEiI5p, IDL reporteros, 18.4.12) y “El epílogo”, http://bit.ly/IeeekI, IDL reporteros, 19.4.12) han mostrado una dura realidad tras de los operativos desplegados en la selva cusqueña. Un escenario desolador de improvisación, irresponsabilidad y cobardía en la dirección de los operativos, que ha sacrificado la vida de valerosos soldados y policías cuyo coraje y heroísmo fue dilapidado por un comando inepto e ineficaz.
La información que ha recogido Gorriti permite saber que se envió a combatir contra las columnas senderistas a policías y oficiales de baja graduación sin preparación para este tipo de enfrentamientos.
Para apoyar a las patrullas comprometidas por el derribamiento del helicóptero 357 se envió a combatir a integrantes de la Dinoes, en su mayoría suboficiales de segunda y tercera, que habían llegado recién a la base de entrenamiento de los Sinchis de Mazamari desde Lima para hacer “un reentrenamiento”.
Se suponía que 30 policías harían un curso combinado con la Marina y la FAP, pero terminaron siendo enviados al teatro de guerra, para enfrentarse con los senderistas. El saldo fue la nueva emboscada senderista contra el helicóptero del cual acababan de descender los suboficiales César Vilca Vega, Luis Astuquillca Vásquez y Landert Tamani Guerra, que fueron abandonados a su suerte cuando los senderistas abrieron fuego contra el helicóptero hiriendo al suboficial José Miguel Millones Velásquez: “entonces sucedió lo inaudito: el piloto del helicóptero abortó el desembarco por soga rápida y viró (o más bien huyó) hacia Kiteni ante la consternación de los otros policías, que le insistieron a su oficial, el capitán PNP Jesús Soto Quintanilla, que volvieran a donde habían dejado abandonados a sus camaradas de armas”. No fueron atendidos y para agravar aún más la situación, el comando de operaciones no envió ninguna otra fuerza para intentar socorrer a los combatientes abandonados, ni ese día, ni al día siguiente. En cualquier ejército del mundo es un duro golpe a la moral de los combatientes saber que sus compañeros son abandonados cuando la suerte en el combate es adversa. El terrorista Gabriel ha narrado que estos 3 heroicos policías se negaron a rendirse y se ha vanagloriado de que los asesinaron, apropiándose de sus armas.
El gobierno le debe una explicación al país. Y esta no puede seguir siendo el montaje de campañas de imagen de empresas de marketing, sino un presidente que hable francamente al país, que evalúe las fallas y errores y que diga qué se va a hacer para enmendarlos.
