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Sobre el Lugar de la Memoria

Desde que se decidió crear, primero un “museo”, luego “lugar de la memoria”, se han vertido varias opiniones que pueden resumirse en dos tendencias: los que piensan en un espacio neutral, ahistórico como un templo, del cual se ha extraído toda idea que genere polarización y diálogo, a favor de lo “artístico”, y quienes creen en la función social y crítica del museo como maestro que ayuda a conocer los hechos históricos y a no repetir los errores del pasado. Me adhiero a la segunda tendencia por mis ideas y por razones profesionales, aunque advierto que el problema es museográfico más que arquitectónico: qué se va a decir y cómo y no dónde.

Se  comprende el cambio de nombre por un prurito eufemístico y el temor a generar polémica; pero es más que eso, se quiere sustraer al museo de su función investigadora, su compromiso con  la historia y su vocación pedagógica desconociendo una metodología que en museología antepone los contenidos a la formas. Insistir en lo “artístico” antes de haber definido los temas, como lo que se va a decir al público sobre una época de terror y dolor, es comenzar al revés, optando por un continente definido unilateralmente por el arquitecto, sin el concurso de los profesionales del museo. Es ya tiempo de admitir que los museos se hacen con el apoyo de un equipo interdisciplinario compuesto por arquitectos, museólogos y (en el caso que tratamos) científicos sociales.   Además, todo museo es monumentum, es recuerdo, memoria.

Una de las características más saltantes del museo peruano ha sido presentar en sus salas compendios de historia donde se hace ver al público lo grande que fuimos como tejedores, ceramistas y orfebres en la época prehispánica; el Barroco, la pintura y la platería durante el Virreinato; el énfasis en el heroísmo si pasamos a la República,  pero por ejemplo, (y sólo para tratar esta época), se obvia los capítulos vergonzantes del caudillismo, la Consolidación de 1850 y los robos, el despilfarro y las fortunas que generó; la Guerra del Pacífico y sus puntos críticos como la bancarrota y la desorganización que nos hizo una nación sin rumbo, predestinada al fracaso. También la exclusión de las minorías olvidadas por la historia oficial, afrodescendientes, indígenas y el tema de la mujer. Como resultado tenemos hermosas salas en las que brilla el pasado sin ninguna lección para el presente. El puente que debería unir al museo con la sociedad de hoy no existe. Debemos aprender de nuestros errores o ¿no se nos ha dicho que la Historia es maestra?

El Lugar de la Memoria

Considero que el Lugar de la Memoria es un buen espacio para reflexionar sobre los errores cometidos y mantener vivo el sentimiento de una paz con justicia, pero antes de pensar en lo “artístico”, es decir cómo será por dentro el “lugar” donde se recordarán hechos traumáticos para nuestro país, hay que definir el objeto de estudio, el tema, y cómo debe tratarse. Parte de la investigación ya está hecha: la CVR ha publicado sus resultados. Luego de establecidos los objetivos del museo hay que elaborar el guión museográfico, documento que vertebra el sentido en sus salas. Sólo entonces, se realizará el diseño de la exposición, (museografía) que es implícitamente artístico; todo diseño que se precie de tal aspira, más que a un grado de artisticidad, que le es connatural, a una estética determinada.

El problema reside en el “sentido” que tomará el guión, cosa que nadie quiere abordar porque sin duda polarizará opiniones. Todos sabemos, luego de la lectura del informe de la CVR, que el grupo terrorista que causó más daño fue SL, pero, del otro lado, es decir el Estado ilegal, también se cometieron excesos y son bien conocidos e identificados. El guión pues, debe exponer,  sin ambages y eufemismos, los hechos como fueron. Aparentemente se presenta como una tensión sin solución de continuidad entre dos fuerzas, dos ideas, dos creencias, una dialéctica que se resuelve, sin embargo, con la inclusión de un tercer elemento: las FFAA legalizadas por la Constitución y los poderes del Estado.

Una vez aprobado el guión se podrá pensar, y con toda razón, en el diseño museográfico que refleje a través de los espacios, el color y la luz, (“el arte”, como dicen), la solución de la dialéctica de fuerzas. Convertir el Lugar de la Memoria en un templo sin la exposición de los hechos históricos es crear un no-lugar.

Hay 2 Comentarios
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29 de enero de 2012 | 19 hrs
escribe:

Concuerdo que no se puede hacer apología. Pero la omisión deliberada de hechos resulta en una verdad utilitaria, falsa. Este no es un espacio para hacer apoligías, es un espacio para tomar conciencia de nuestra situación en la historia, de las omisiomes que cometimos y a los muchos peruanos que olvidamos. Para construir identidad hay que asimilar que nuestra realidad es compleja y dificil. Solo asumiendo TODAS las responsabilidades se puede edificar algo nuevo y valioso. (M.Romero)

29 de enero de 2012 | 17 hrs
escribe:

Pero convertir el Lugar de la Memoria en un espacio que haga apologia implicita del terrorismo es mucho peor, es vanalizar lo que como Democracia aspiramos y rendirse a un sesgo ideologico que niega el sentido mismo de la Republica del Peru.

Es animar a que las nuevas generaciones rindan culto a una ideologia que desprecia tanto la armonia social como la vida humana.

Es convertir ese espacio en una ExpoTerrorismo.

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Alfonso Castrillón Alfonso Castrillón

Alfonso Castrillón Vizcarra (Lima 1935) es Museólogo, crítico e historiador del arte peruano. Ha sido catedrático y director de reconocidas entidades. Invitado especial de diferentes Bienales, es curador, asesor y ponente.
Se desmepeña como Director de la Galería de Artes Visuales de la Universidad Ricardo Palma, (1996); y responsable de la remodelación del Museo de la Inquisición del Congreso de la República, (1997 y 1999) ha recibido muchos premios, es autor de grandes libros, y tiene en su haber un sin fin de publicaciones.
 

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