Al fin apareció la primera antología consultada de la poesía peruana. No de toda, solo de la publicada entre 1968 y 2008. El corpus de lo reciente, de aquello en proceso de evaluación, es el preferido por este tipo de antologías, que buscan superar la subjetividad individual sustituyéndola por la colectiva mediante la consulta a un conjunto de entendidos representativo del correspondiente campo literario.
De aquí el desasosiego que el mero anuncio de estas antologías causa en los poetas implicados, por la posibilidad de no ser incluidos en una selección resultante del voto mayoritario de un amplio grupo de conocedores, cosa que da lugar, además, a un orden de preferencias entre los elegidos según el número de votos que cada quien logra. La sola idea de algo así resulta, para algunos, fastidiosa. Piadosamente, la flamante antología se abstiene de consignar en sus páginas escrutinios numéricos.
Si bien la selección de los 43 poetas que figuran en ella proviene de quienes respondieron la respectiva encuesta (125 de los 137 consultados) la elección de los poemas estuvo en manos de los promotores de la antología: Carlos López Degregori, Luis Fernando Chueca, José Güich Rodríguez y Alejandro Susti Gonzales, ‘críticos practicantes’ todos, para llamarlos como T.S. Eliot a los creadores literarios que ejercen la crítica. A los cuatro nombrados se debe también la equilibrada conformación del grupo consultado y la escrupulosamente meditada introducción que sustenta este serio trabajo. Su título: Espléndida iracundia.
Antología consultada de la poesía peruana 1968-2008. Un libro que dará mucho que hablar y sobre el cual reincidirá pronto esta columna.