Por Abelardo Oquendo
T raducir un texto traducido antes por Borges requiere audacia. José Manuel Benítez Ariza la tuvo, aunque en su versión de Bartleby aparece amortiguada: en el libro en el que figura se ubica en un segundo plano, pues lo que se ofrece allí no es precisamente ese cuento extraordinario sino tres estudios sobre él; estos: “Bartleby o la fórmula”, de Gilles Deleuze; “Bartleby o de la contingencia”, de Giorgio Agamben, y “Bartleby o de la humanidad”, de José Luis Pardo. El cuento va como un aditamento servicial. El largo título del tomo es: Preferiría no hacerlo. Bartleby el escribiente, de Herman Melville, seguido de tres ensayos sobre Bartleby.
Editado por Pre-Textos el primer año del siglo, ha tenido varias reediciones. No es, así, una novedad, pero como aquí casi no ha circulado asumimos como tal su reimpresión de 2009. Para tranquilizar a quienes, con Melville, opinan que no hay nada peor que convertir un personaje o una obra literaria en “una atroz alegoría intolerable”, citaremos el inicio del ensayo de Deleuze: “Bartleby no es una metáfora del escritor ni un símbolo de nada.(...) No quiere decir más de lo que literalmente dice”, afirma antes de escribir 30 lúcidas páginas sobre este cuento que sirve luego a Agamben para una fascinante reflexión erudita. Pardo no desentona, Benítez tampoco.
