Por Abelardo Oquendo
En Inti, un local parisino en el barrio del Marais que vende objetos peruanos, hay una “exposition hommage” de cuadros de Michel Grau. Michel fue hijo del pintor Ricardo Grau, estudió en la Escuela de Bellas Artes, emigró a París, murió temprano. El poeta Alejandro Romualdo escribió un texto en memoria suya. Estas son algunas de sus palabras.
“Siempre me dio la impresión de un ave errática y desconcertada, porque algo buscaba sin encontrarlo, alguna estación, otros horizontes. Años después lió pinceles y levantó vuelo. Su desasosiego lo llevó a Francia y allí, en París, plegó sus alas. Trabajó duramente con brochas y plumas, pintando, de día y de noche, lienzos y paredes que le dieron algo para vivir y mucho para morir.”
“A veces, mirando al ‘nieto del héroe’, pensaba en el combate que libraba y veía su nave cargada de pintura y sacrificio. Sus cuadros son la victoria del artista sobre su propio naufragio. No son restos los que nos deja. Son piezas íntegras, de inusual maestría: pintura luminosa y pulcra, hecha de paciencia y alegría. Así ha llegado a su última estación, a su horizonte final. El ave plegó sus alas definitivamente, migró hacia adentro, hacia otros cielos, menos indiferentes y fríos que los de esta ciudad opaca, con tantas coronas para la vanidad y tan poca cabeza para la sabiduría.”
