Por Javier Ágreda
El cubano Guillermo Cabrera Infante (1929-2005) fue uno de los escritores más polémicos de la generación del boom, tanto por sus opiniones políticas como por su irreverente obra. Autor de las reconocidas Tres tristes tigres (1964) y La Habana para un infante difunto (1979), obtuvo en 1977 el Premio Cervantes y al morir dejó una gran cantidad de textos inéditos, incluyendo algunas novelas. La primera de ellas, La ninfa inconstante (G. Gutenberg), ha sido publicada recientemente en España.
Como en casi toda su narrativa, GCI nos lleva a La Habana de mediados del siglo XX, para contarnos la historia de G. (un periodista y crítico de cine) y Estela, una hermosa adolescente que hace recordar a la Bardot de la película Y Dios creó a la mujer. G. está casado, pero abandona a su esposa para irse con Estela, aunque esta relación no dura mucho. Entre los protagonistas no parece haber nada en común: él es un intelectual bohemio y con mucho sentido del humor; ella, una muchacha amargada, tonta y casi analfabeta. Resultan destacables las descripciones de la ciudad y también los abundantes juegos de palabras, alusiones “culturosas” y bromas de todo calibre. En todos los demás aspectos, la novela se muestra incompleta, con mucho por desarrollar y más todavía por corregir. En suma, un libro solo para admiradores (nos incluimos) del escritor cubano y que de seguro reavivará la vieja polémica sobre los libros póstumos.
