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Memorias de una dama

Por Javier Ágreda



Si bien las dos primeras novelas de Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) han sido bastante exitosas –Pudor (2004) fue convertida en película y Abril rojo (2006) obtuvo el Premio Alfaguara–, estaban mucho más cerca de los géneros audiovisuales masivos (el sitcom y el thriller, respectivamente) que de la propia narrativa literaria. No es el caso de Memorias de una dama (Alfaguara, 2009), la nueva novela de Roncagliolo, que apela al mucho más literario modelo vargasllosiano, tanto por la estructura (dos relatos que se alternan) como por los temas y los personajes, que incluyen a escribidores y dictadores.



Una de esas historias es la de un peruano radicado en España, un aspirante a escritor, aunque su precariedad económica lo lleva a aceptar los trabajos más humillantes. Tiene novia y un agente literario, pero quien más lo ayuda es su amigo Javier, un español tan pobre como él; hasta que recibe la propuesta para redactar la biografía de una anciana y millonaria dama, Diana Minetti, quien pasó su infancia y juventud en la República Dominicana de Trujillo y la Cuba de Batista. La segunda historia de la novela está constituida por los recuerdos de Minetti, en los que se retrata un mundo de lujos y sucias intrigas (familiares, económicas y políticas).



Pronto se hace evidente el tremendo desnivel entre las dos historias. La de Minetti está llena de luces y sombras, de personajes complejos y contradictorios (especialmente su padre) que vamos conociendo poco a poco, a medida que descubrimos los oscuros vínculos entre la mafia italiana, los dictadores centroamericanos y la CIA. Por su parte, la historia del escritor no pasa de ser una sucesión de anécdotas burdas e intrascendentes –contadas con un “humorismo infantil”, según el crítico español Manuel González–, sin ninguna relación con las memorias de Minetti y que aportan poco a la novela.



En las novelas de Vargas Llosa que utilizan esta estructura “dual” –La historia de Mayta, El hablador o El paraíso en la otra esquina– la historia “marco” le da una cierta dimensión metaficcional al conjunto, o traslada de contexto la temática de la otra historia. Pero en el caso de Memorias de una dama, las desventuras del escritor joven parecen tener únicamente el propósito de divertir y hacer reír al lector, y para ello el autor vuelve a incurrir en ciertos vicios y facilismos presentes en sus libros anteriores. Finalmente, resulta difícil hacer un balance entre los evidentes aciertos y los notorios errores de esta novela.

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Javier Ágreda Javier Ágreda

Javier Ágreda. (Lima, 1965) Crítico literario formado en la Universidad Mayor de San Marcos y atento seguidor de lo más reciente de la narrativa y poesía peruanas. Ha publicado reseñas y ensayos en diversas revistas culturales y textos suyos han sido incorporados a libros dedicados a analizar las obras de Mario Vargas Llosa, Miguel Gutiérrez y Edgardo Rivera Martínez, entre otros. Desde hace quince años tiene a su cargo una columna de crítica literaria en el diario La República.