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Alan y el asimilacionismo

Por Rocío Silva Santisteban

Una de las premisas implícitas de las teorías de desarrollo es la asimilación de las otras culturas a la lógica racional de la cultura occidental para poder “caminar en la senda del progreso”. Esta lógica ha sido y es absolutamente perniciosa para nuestra nación pluricultural. Lamentablemente la semana pasada fuimos testigos de otra gota más en este encadenamiento fluvial hacia la negación del otro. En una entrevista en Willax, el presidente Alan García, premunido de su lógica del Perro del Hortelano, sostuvo que el politeísmo y el animismo de ciertos pueblos andinos ponían en peligro las inversiones porque consideraban que un cerro es mágico y no se puede “mantener al margen por creencias politeístas”. Este pensamiento que tanto daño le ha hecho al mundo occidental y que ahora está en franco declive, incluso a nivel de los organismos internacionales, revela las costuras de una propuesta de desarrollo decimonónica y sin fisuras, que de alguna manera también responde a los intereses de los dueños del Perú que perdieron las últimas elecciones.

Pretender mirar con este anteojo civilizatorio las culturas peruanas es descreer de un verdadero proyecto de país porque implica que hay sujetos subalternos que no tienen razón, que no tienen voz o cuya voz es sustancialmente increíble por “mágicos” y “primitivos”. La relación de los “otros no asimilados” siempre va a estar ubicada en una jerarquía de poder y en situación vulnerable, por eso será sumamente difícil que puedan “creer en este Estado” en la medida que requieren de una serie de mecanismos complejísimos de acceso a un diálogo interpares. El Estado no puede atrincherarse detrás de una lógica cultural civilizatoria sino –por el contrario– debe abrirse al otro como lo plantearía un autor francés que quizás pueda leer Alan García en su propio idioma: Emmanuel Levinas, quien considera que es imprescindible construir la identidad sobre la lógica del acceso al otro; la otredad es lo que nos hace ser como somos.

Esperamos que la experiencia de Ollanta Humala como militar en diversas áreas andinas y de la selva, con sus encuentros y desencuentros con la otredad, puedan permitir que salgamos de esta lógica civilizatoria para pasar a otra, a la lógica de un Estado que dialoga interculturalmente, que no se aleja de las “culturas primitivas y mágicas” sino que, por el contrario, en lugar de catalogarlas desde una jerarquía de “cultura superior” les propone un diálogo, no para entenderlas, porque eso no es lo imprescindible, sino para establecer canales fluidos de intercambio, para poder dar espacio a otras racionalidades como la andina, en la que confluyen no solo la cultura incaica sino todas las tensiones y torsiones de una transculturalidad no asimilable a una sola cultura occidental. La modernidad, por otro lado, no ha dejado de establecer también sus vínculos con lo andino, y por eso mismo hay numerosas lógicas en la racionalidad andina o aymara o awajún del siglo XXI. ¿Acaso es tan difícil entender de esta manera los conflictos sociales?

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Rocío Silva Santisteban Rocío Silva Santisteban

Rocío Silva Santisteban (Lima, 1963). Estudió literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Doctora en Literatura por la Universidad de Boston. Ganó el Premio Copé de poesía con su poemario Ese oficio no me gusta (1990). Otras publicaciones: Mariposa negra (1993), Condenado amor y otros poemas (1995) y Turbulencias (2006). En 1994 publica su libro de relatos Me perturbas (1994). Actualmente es periodista y docente universitaria. Además es presidenta de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos.