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Las mujeres y la guerra

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¿Realmente es un avance que las mujeres formen parte de los ejércitos?

Por Rocío Silva Santisteban

Mientras nuestros vecinos se alistan a una absurda carrera armamentista y nuestro canciller propone un más que adecuado pacto de no agresión en la ONU para crear un sistema colectivo que garantice la paz en América Latina, y cuando los ánimos se caldean entre el personal de las FFAA ante la obsolescencia de los equipos y material bélico, en medio de todo este animus belligerandi, el IDL y DESCO publican un informe sobre los soldados vulnerables. ¿Soldados vulnerables?, ¿existen? Lamentablemente no todos los soldados peruanos son de élite: hay algunos más vulnerables que otros, y son aquellos que sufren discriminación.

Si bien es cierto que el Servicio Militar Voluntario ha finiquitado con prácticas autoritarias que iban en busca de “tropa” entre los campesinos de la sierra, aún siguen dándose en las Fuerzas Armadas múltiples formas de discriminar debido precisamente a un pensamiento militar que se basa en la “virilidad”. Hoy, luego de años de conflicto armado interno y de un régimen que cooptó a muchos oficiales de las tres armas, las mismas instituciones buscan canales más democráticos de ejercer sus actividades, pero es sumamente difícil desterrar ciertas “maneras de entender el mundo” del personal militar.

En primer lugar está el tema de las jerarquías que, si no se condice con un buen liderazgo, puede convertirse en ejercicios autoritarios del poder a los que estamos, en el Perú, tan lamentablemente acostumbrados. Pero también está el tema de que los ejércitos han sido espacios de hombres solos. Claro que existen historias de mujeres en batalla, solo por mencionar una recordemos a Juana de Arco, pero históricamente los ejércitos han sido espacios de “guerra cuerpo a cuerpo” y, por lo tanto, los soldados, reclutas, marinos y aviadores han sido generalmente varones. Esto ha implicado que los ejércitos sean una “comunidad de varones” –como la jerarquía eclesiástica– cuyas prácticas estaban centradas, precisamente, en mantener ese espíritu de cuerpo a través de lo que algunos denominan “virilidad”.

Por lo menos esto quedó más o menos claro en palabras del Gral. César Huertas el día de la presentación del informe del IDL-DESCO, cuando sostuvo que a pesar de la entrada de las mujeres, las Fuerzas Armadas no iban a dejar de ser viriles, por lo tanto, las damas tenían que adecuarse a esta sensibilidad. No obstante, el vicealmirante Carlos Tubino sostuvo que las mujeres pueden llegar a ser generales, pero dentro de determinadas “armas”, porque no se las puede exponer en unidades de primera línea como la artillería, la caballería o, en el caso de la Marina, en los submarinos, pues “a veces dos submarinistas duermen en la misma litera porque el espacio es demasiado reducido”. Es cierto: una mujer en una comunidad de varones puede producir problemas de este tipo, del día a día, de las prácticas de guerra, pero ¿realmente no está capacitada para ser submarinista o para pelear en primera línea? La comparación es odiosa y hasta quizás faltosa, pero pidiendo las disculpas del caso... ¿si Sendero Luminoso tenía a varias mujeres en la cúpula, como mandos y como combatientes, por qué las mujeres no podrían participar en un ejército regular en primera fila?

Pero aquí sí tengo una pregunta para nosotras, feministas, para las mujeres y los hombres que se preocupan de las mujeres en las FFAA: ¿realmente es un avance que una mujer forme parte de los ejércitos? No lo creo. Quizás soy más pacifista que feminista en el fondo de mi corazón.

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Rocío Silva Santisteban Rocío Silva Santisteban

Rocío Silva Santisteban (Lima, 1963). Estudió literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Doctora en Literatura por la Universidad de Boston. Ganó el Premio Copé de poesía con su poemario Ese oficio no me gusta (1990). Otras publicaciones: Mariposa negra (1993), Condenado amor y otros poemas (1995) y Turbulencias (2006). En 1994 publica su libro de relatos Me perturbas (1994). Actualmente es periodista y docente universitaria. Además es presidenta de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos.