En un mundo donde cualquier transacción tiene su valor de cambio y a veces poco valor de uso, incluso hasta el amor, hay una acción que es –o por lo menos debería ser– absolutamente gratuita, porque se da sin esperar nada de vuelta, ni de vuelto, si no solo la escucha. Como diría el poeta José Ruiz Rosas, se escribe “solo por el fulgor de la palabra” y si alguien espera otra cosa, pues que dé vuelta a la página, porque no hay nada más que pueda recibir. Lamentablemente hay muchos que esperan ser poetas, más que escribir poesía, y se dan de bruces con el aplauso suspendido para siempre en el aire. Ya lo ha dicho Martín Adán: “poesía se esta callada/ escuchando su propia voz...”.
Pero en nuestro país, por esas terquedades inteligibles, un producto de exportación de altísima calidad ha sido y sigue siendo la poesía. Desde Amarilis, aquella poeta anónima del s. XVI, los vates locales no han dejado de usar la palabra como estocada o como lamento, tanto los poetas eruditos como El Lunarejo, o los populares que se burlaban de las enfermedades venéreas del Virrey, como Valle y Caviedes, ambos han dejado su huella indeleble sobre las páginas, ahora casi abandonadas, de nuestra literatura. Últimamente Vallejo, con su doodle, o Cisneros y Belli, con sus premios internacionales, reconfirman un vicio absurdo peruano: la terquedad por la sucesión de sonidos o grafías para liberar las sensaciones que oprimen las yemas de los dedos por querer salir y significar algo en este intercambio gratuito.
Por eso este Festival Internacional de Poesía, organizado por Fornix y auspiciado por numerosas instituciones, desde la Municipalidad de Lima hasta PromPerú, que comienza el 30 de marzo en distintos locales de Lima, incluyendo en Los Olivos y Villa El Salvador, representa un espacio para escuchar la palabra gratuita de más de 50 poetas extranjeros que vienen desde 25 países diversos, desde Marruecos hasta Ecuador, desde Benín hasta Argentina. Solo quisiera destacar a algunos de ellos para que no se los pierdan. Creo que el más importante es, sin duda, Ledo Ivo, poeta de Brasil, de la generación de los “construccionistas” y una voz singular que hace muchos años fue publicado en castellano por la Embajada de Brasil en Lima. Otro excelente poeta es Edwin Madrid, de Quito, Ecuador, quien ha ganado infinidad de premios internacionales, y cuyo libro Celebriedad es ya un clásico de la generación de los 80 en América Latina. Una poeta extraña y cautivante es la argentina Laura Yasán, una voz de la poesía del desamor, y, además, recomiendo escuchar a José Kozer, un clásico de las letras cubanas.
El día final, domingo 1 de abril, habrá dos recitales públicos en el parque Washington, frente al hoy cada vez más famoso y concurrido Centro Cultural de España, totalmente gratuitos, por supuesto, y con “micro abierto” para que puedan participar todos aquellos poetas que, simplemente, tengan algo qué decir.
