Columnistas
Loading

Masacre de Accomarca, 25 años después

Por Rocío Silva Santisteban

A las cuatro de la tarde del día 14 de agosto de 1985, apenas unos días después de que Alan García Pérez jurara por primera vez como presidente del Perú, un grupo de militares entre los cuales se encontraba el ahora famoso Telmo Hurtado Hurtado, daba por terminada la faena que había comenzado el día anterior. El resultado fueron 69 peruanos asesinados, entre ellos 23 niños, en una supuesta “operación” para eliminar terroristas. ¿Un niño de dos años era un terrorista?

Cuando una comisión del Senado de la República, presidida por Javier Valle Riestra, fue a entrevistar al subteniente Telmo Hurtado al cuartel Los Cabitos, su respuesta fue la siguiente: “Según mi decisión que yo he tomado, yo la considero correcta (la masacre). Según el punto de vista de ustedes y lo que están pensando (…) lo van a tomar de otra manera. Ustedes no viven las acciones de guerra que nosotros vivimos acá. No tienen experiencia, ni ven las situaciones que nosotros pasamos acá […] (a los niños) los comienzan a adoctrinar desde los dos años, tres años, llevando cosas (…) poco a poco, a fuerza de engaños, de castigos, van ganándolos a su causa”.

Telmo Hurtado y Juan Rivera Rondón, los dos responsables directos de la masacre de Accomarca, se fugaron a Estados Unidos en el año 2002 cuando la amnistía que le otorgó el gobierno de Alberto Fujimori llegó a su fin. Hurtado y Rivera fueron procesados en el fuero militar, la sentencia se dictó por seis años de prisión por delito de función y fue suspendida (dicho sea de paso, es una sentencia vergonzosa, pues admite la prueba de los asesinatos y la responsabilidad de Hurtado, pero lo absuelve). Ambos acusados siguieron en carrera militar. De hecho, en 1999, Telmo Hurtado fue ubicado en Cajamarca, sirviendo dentro del Ejército.

Hoy, Rivera está en prisión luego de ser extraditado desde Estados Unidos (los americanos lo inculparon del delito de violación sexual a su hijastra), pero Telmo Hurtado sigue en Estados Unidos, capturado por problemas migratorios, y esperando la extradición.

Teniendo en consideración que esta masacre sucedió durante el primer gobierno de Alan García, y que el crimen se encuentra impune, en tanto que los responsables fueron sentenciados solo por delito de función y no por homicidio calificado, sería deshonroso que al terminar el segundo gobierno del presidente García, el otrora subteniente y ahora presunto asesino siga sin sentencia firme. Pero ¿es posible ese acto de justicia si, como lo podemos recordar, el propio Alan García fue comprendido en la acusación fiscal de Cristina Olazábal por el caso Accomarca en el año 2005? La acusación a Alan García fue desestimada por el juez. Nada sorprendente. Pero moralmente les debe a los pobladores de Accomarca, así como a todos los peruanos, un acto que restaure la dignidad de aquellos que fueron asesinados como becerros.

Los 63 accomarquinos son los muertos de esa comodidad política que nos permitió a los peruanos, con nuestros vicios cínicos, convertir al “mal menor” en “mal banal”: ese mal que se comete creyendo que, con nuestros actos, no cambiamos ni un milímetro el engranaje del dolor y la crueldad. La apatía. La indiferencia. La resignación.

Hay 13 Comentarios

Enviar un comentario nuevo

Rocío Silva Santisteban Rocío Silva Santisteban

Rocío Silva Santisteban (Lima, 1963). Estudió literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Doctora en Literatura por la Universidad de Boston. Ganó el Premio Copé de poesía con su poemario Ese oficio no me gusta (1990). Otras publicaciones: Mariposa negra (1993), Condenado amor y otros poemas (1995) y Turbulencias (2006). En 1994 publica su libro de relatos Me perturbas (1994). Actualmente es periodista y docente universitaria. Además es presidenta de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos.