6 de Abril del 2013 18°C US$ Compra S/.2.598 US$ Venta S/. 2.599
Loading

Unos cuantos piquetitos

 

Con feroz ironía la mexicana Frida Kahlo bautizó a ese terrible retrato de un feminicidio con el título de “Unos cuantos piquetitos”. En el cuadro original se ve a una mujer muerta sobre un catre blanco, al lado, un hombre vestido con pantalón oscuro y camisa clara, manchada de sangre; en la mano, el puñal. Hay sangre salpicada en todos lados: hasta en el paspartú y en el marco. Kahlo nombró de esa manera su obra porque precisamente esa fue la frase que, bajo el letargo del machismo, el asesino pronunció ante el juez instructor: “No la maté, si apenas le di unos cuantos piquetitos” .
 

El feminicidio es el asesinato por odio de género. Esto es, el asesinato de una mujer por un hombre cercano, sea esposo, conviviente, amante o pareja (o ex), también puede ser cometido por el hermano o el padre (feminicidio íntimo) o incluso por personas desconocidas pero que han acosado a estas mujeres o han querido vejarlas sexualmente, o en todo caso, hombres que quieren usar sus cuerpos para someterlas de alguna manera. El feminicidio no es sólo un acto delictivo aislado; se trata de una política de ejercicio del sometimiento a la mujer a través de su estrategia más radical: el asesinato. El feminicidio es considerado en varios países de América Latina como un delito específico ajeno al homicidio, y en muchos casos tiene una tipificación y sanciones ejemplares en el Código Penal. México, por ejemplo, sanciona a los feminicidas con penas desde 30 hasta 60 años de cárcel. 
 

Para poder lograr esta tipificación, la semana pasada el Mimdes ha enviado nuevamente una propuesta de ley al Congreso, que en setiembre archivó otra similar. ¿Cuál fue el motivo del archivamiento? Sostener que ese delito “ya existe” en nuestro código bajo la modalidad de homicidio o parricidio. Esa es una gran falacia y el motivo por el cual, quizás, las mujeres siguen muriendo a manos de otros hombres a razón de 10 por mes, según cifras del Ministerio Público (hace dos años escribí un artículo sobre este mismo tema y la ratio era de 3 por mes; me abruma pensar qué sucederá con estas cifras crueles dentro de cinco años). El Mimdes ha insistido en la propuesta de tipificación del delito, esta vez con algunas precisiones basadas incluso en jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. 

 

¿Las sanciones controlarán los feminicidios? En parte, pero para evitarlos hay que plantear una política integral. Obviamente sanciones, pero, sobre todo, prevención. Un asunto que además es crucial es el tema de las mentalidades. Lo he dicho y lo repito: el gran problema con los cambios de mentalidades es que no podemos poner “indicadores” que funcionen en POAs (planes operativos anuales) porque se trata de procesos sumamente lentos muy difíciles de cuantificar. Por eso, estos cambios no son los favoritos de las agencias de cooperación o de las burocracias. Sin embargo, es imprescindible trabajar en esta línea contra viento, marea y fanáticos planificadores. Y otro asunto fundamental: no hay posibilidad de políticas de prevención sin incluir a los victimarios en ellas. Se deben implementar programas para varones que controlen su violencia. Rápido, además, de inmediato: no dejemos que más mujeres mueran por celos, por dominio, o por inacción. 

Hay 1 Comentario
Denunciar
20 de noviembre de 2011 | 11 hrs
escribe:

Gracias Rocío por tus reflexiones sobre este tema. Como psicóloga y terapeuta, mi experiencia me ha enseñado que hay que trabajar en dos niveles. Primero, las escuelas, en donde muchos niños y adolescentes llegan después de estar expuestos a abusos y violencia en la familia. Muchas veces las escuelas son los lugares donde ellos se sienten más seguros y expresan sus angustias, alas no siempre en maneras constructivas. Pero me pregunto como podrían las escuelas brindar apoyo preventivo. El otro nivel es obviamente el más difícil, que es el de la terapia con los que crean la violencia. Hay muchos estudios que han criticado el enfoque unilateral, cuando la violencia también, aunque no siempre, se da en una dinámica relacional. Pero todos estos abordajes necesitan la estructura y el apoyo legal para poder implementarse eficazmente y así luchar por un mundo menos violento.

Enviar un comentario nuevo

Rocío Silva Santisteban Rocío Silva Santisteban

Rocío Silva Santisteban (Lima, 1963). Estudió literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Doctora en Literatura por la Universidad de Boston. Ganó el Premio Copé de poesía con su poemario Ese oficio no me gusta (1990). Otras publicaciones: Mariposa negra (1993), Condenado amor y otros poemas (1995) y Turbulencias (2006). En 1994 publica su libro de relatos Me perturbas (1994). Actualmente es periodista y docente universitaria. Además es presidenta de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos.