6 de Abril del 2013 24°C US$ Compra S/.2.598 US$ Venta S/. 2.599
Loading

Las guerras del Vrae

Los hechos del VRAE y el reciente informe de la Agencia contra las Drogas de Estados Unidos (DEA, en inglés) sobre el narcotráfico en el Perú se mezclan irremediablemente. La banda armada que secuestró a los trabajadores de Camisea es el principal operador del narcotráfico en el primer valle cocalero y primer territorio de refinamiento de cocaína del mundo. Asimismo, el informe de la DEA pone los reflectores sobre el incremento de la presencia mexicana en las operaciones del narcotráfico desde el Perú. El VRAE aparece así como un territorio donde se libra una dura batalla contra el narcotráfico, un hecho que el uso de los conceptos “terrorismo” y “narcoterrorismo” relativiza.

 

Lo sucedido en el VRAE desnuda, sobre todo, el agotamiento del discurso y práctica estatales contra el narcotráfico. La epopeya de soldados y policías y de los más altos funcionarios del Estado se dirigen hacia una organización subversiva derrotada como tal y que hace más de 10 años ha mutado en una banda al servicio de las drogas. Ellos han cambiado pero en el imaginario del Estado siguen siendo los maoístas de los años 80 que quieren tomar el poder por las armas y el terror. Por esa razón, la estrategia diseñada contra ellos no ha cambiado, sigue siendo antisubversiva en lugar de interdicción del poder narco. 

 

Es obvio que un sector del país se siente más cómodo practicando el discurso ideológico como sustento de las operaciones contra “eso” que llaman SL y que asesina policías, soldados, fiscales y civiles, y que a veces llaman “narcosenderismo”, casi como una concesión. Ese sector se reduce a los patrullajes y operaciones militares, subestimando elementos claves que, de otro modo, reducirían el poder de esa banda: el desarrollo alternativo, el control de insumos químicos y el lavado de activos.

 

En el VRAE hay una guerra imprecisa. Cambiar ese discurso y práctica cuesta. Obligaría, por ejemplo, a preguntarse si fue correcto enviar a las FFAA al VRAE y construir allí un mando bicéfalo, con la PNP y las FFAA divorciadas casi en todo; o cómo fueron empleados los recursos entregados para el equipamiento militar; o por qué es más exitoso el papel de la PNP en el Alto Huallaga. Si el Estado decidiera que frente a la banda armada del VRAE se debe desarrollar una nueva estrategia antinarco, la primera decisión sería crucial: ¿Deben las FFAA participar en la lucha contra las drogas sobre todo luego de la experiencia mexicana?

 

No obstante lo dicho, estamos lejos del cambio. Nadie puede garantizar que, por ejemplo, se instalen dos garitas móviles en las vías hacia el VRAE como se espera desde hace casi 10 años, o que se generalicen las acciones de desarrollo alternativo en aquellas zonas donde las características del suelo lo permiten. Siendo minimalistas, ¿Es posible pensar en un Plan VRAE de verdad, que no sea la agregación de obras sectoriales? Quizás por ahora no.

 

Hay 5 Comentarios
Denunciar
19 de abril de 2012 | 18 hrs
escribe:

Mientras el narcoterrorismo está bien establecido en el corazón de la selva. Al estado le falta eso, llegar al corazón del problema; demasiada palabrería.¡Empiecen a actuar desde el lugar de los hechos!

19 de abril de 2012 | 10 hrs
escribe:

Se repite lo de los 80s. Sendero creció porque las fuerzas armadas se coludieron con el narcotráfico, que era combatido por la policía. Creció el narcotráfico, los militares robaron, y creció Sendero. Si los fiscales y jueces se coluden con los barones de la droga, la policía y militares también se meten en el negocio, entonces nuevamente rebrota el senderismo. Así de fácil. Mucha hipocrecía,eso lo sabe todo el mundo.

19 de abril de 2012 | 09 hrs
escribe:

Propongo poner una base de la DEA en el VRAE, otra en el Monzón y una más en Puno, para controlar al narcotráfico.
Esto sería de gran ayuda para la policía y las FFAA que tendrán en la DEA a un gran aliado.

19 de abril de 2012 | 09 hrs
escribe:

Hoy escuché a Rafael Rey en la tele y ese hombre no cambia y como los periodistas se echaron

19 de abril de 2012 | 08 hrs
escribe:

El territorio del VRAE no es una inmensidad. Tiene por fortuna, pocos accesos y ellos son controlables. Existe tambien una evolucion de las tecnolgias de todo genero que pueden cambiar rapidamente la historia del narcotrafico en el Peru. Efectivamente, hay que olvidarse del componente ideologico supuesto, y encarar como lo que es: un desafio al estado nacional desde el propio centro del territorio peruano. Siendo asi, el enemigo esta aqui. El ejercito debe cooparticipar, al lado de la sociedad.

Enviar un comentario nuevo

Juan de la Puente Juan de la Puente

Periodista, abogado y politólogo. Egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) de Lima, con estudios de maestría en Ciencias Penales y Ciencias Políticas. Realizó el Curso de Descentralización en la Universidad de Alcalá (Madrid).

 

Ex Profesor en la UNMSM en los cursos de Pensamiento Político Peruano y Teoría del Gobierno. Es profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de San Martín de Porres (USMP) de Lima, y de Pensamiento Político Peruano y de Participación Política en el Instituto de Gobierno (IG), de la misma universidad. En la USMP preside el Fondo Editorial. Fue director del diario La Primera, del programa La Mitad Más Uno de Televisión Nacional del Perú y jefe de la sección política de La República.

 

Fue Consejero Presidencial del Presidente Alejandro Toledo (2001-2006. Impulsor del Acuerdo Nacional suscrito el 22 de julio del 2002 por 7 partidos políticos, 7 organizaciones de la sociedad civil y el gobierno, e integrante actual de su Comisión Técnica de Alto Nivel. Responsable del diseño inicial del Programa Juntos de Transferencia Condicionada (fase inicial, 2004), actualmente vigente y coordinador del Programa Consejos de Ministros Descentralizados (CMD), de la Presidencia de la República del Perú, entre el 2004 y 2006. Se desempeñó como consultor de la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe con sede en Chile y consultor para el proyecto de reforma del Congreso. Se desempeña como consultor en gobernabilidad, sistemas políticos y análisis de coyuntura para organismos nacionales e internacionales.