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Lima, la pobre

Por Juan de la Puente

La elección de octubre para la alcaldía de Lima se promete por ahora como una disyuntiva entre la corrupción y la anticorrupción. Es impredecible que tal perfil sea el predominante en la campaña, porque la capital tuvo en los últimos 30 años experiencias electorales de dos signos. Mientras las elecciones de Barrantes (1983), Belmont (1989 y 1993) y Castañeda (2002 y 2006) se constituyeron en competencias primordialmente vecinales, las de Orrego (1980), Del Castillo (1986) y Andrade (1995 y 1998), fueron plebiscitarias respecto del poder de turno.

Los principales candidatos en esta elección aún no presentan sus ofertas para una metrópoli de más de 8 millones de habitantes, que en la lista de las más pobladas del mundo figura en el puesto 30 y en la de A. Latina en el 5. No obstante, algunos consideran que nuestra capital ya es una ciudad global, paradigma asociado erróneamente a las grandes obras de infraestructura.

No basta que una ciudad sea populosa para ser una ciudad global. Ni siquiera es suficiente que tenga grandes vías de comunicación y sea limpia. Los análisis más reconocidos miden variables como el nivel educativo de sus habitantes, la provisión de servicios básicos, la calidad de vida urbana, la seguridad y la tecnología. En esas mediciones aparece Lima como una ciudad polarizada, con un millón y medio de pobres, y con distritos a 30 minutos de los centros financieros con tasas de pobreza superiores al 25% (Carabayllo, Puente Piedra, Pachacámac, San Juan de Lurigancho y Villa María del Triunfo, entre otros).

Lima tiene miles de familias excluidas del mercado como fuerza laboral y como consumidoras. Nuestra capital, emergente, mestiza y emprendedora, es una realidad. También lo son la pobreza y la autocomplacencia de sus elites gobernantes, febriles defensoras del cemento como doctrina. Esa pobreza, la de la ciudad, indica que la riqueza en Lima es todavía un enclave, como hace siglos. La otra pobreza, la de sus autoridades, apunta a que nuestra principal ciudad demanda un liderazgo realmente moderno.

Hace 27 años Alfonso Barrantes cambió por una vez el paradigma de oferta electoral municipal al proponer la entrega de un vaso diario de leche a los niños pobres. Más allá de las vicisitudes de ese programa, marcó un hito: los alcaldes no pueden ignorar la pobreza de sus vecinos ni gobernar sus ciudades tratando a sus habitantes como si fuesen iguales, cuando no lo son.

Hay 1 Comentario
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24 de abril de 2012 | 11 hrs
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odio la pobreza

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Juan de la Puente Juan de la Puente

Periodista, abogado y politólogo. Egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) de Lima, con estudios de maestría en Ciencias Penales y Ciencias Políticas. Realizó el Curso de Descentralización en la Universidad de Alcalá (Madrid).

 

Ex Profesor en la UNMSM en los cursos de Pensamiento Político Peruano y Teoría del Gobierno. Es profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de San Martín de Porres (USMP) de Lima, y de Pensamiento Político Peruano y de Participación Política en el Instituto de Gobierno (IG), de la misma universidad. En la USMP preside el Fondo Editorial. Fue director del diario La Primera, del programa La Mitad Más Uno de Televisión Nacional del Perú y jefe de la sección política de La República.

 

Fue Consejero Presidencial del Presidente Alejandro Toledo (2001-2006. Impulsor del Acuerdo Nacional suscrito el 22 de julio del 2002 por 7 partidos políticos, 7 organizaciones de la sociedad civil y el gobierno, e integrante actual de su Comisión Técnica de Alto Nivel. Responsable del diseño inicial del Programa Juntos de Transferencia Condicionada (fase inicial, 2004), actualmente vigente y coordinador del Programa Consejos de Ministros Descentralizados (CMD), de la Presidencia de la República del Perú, entre el 2004 y 2006. Se desempeñó como consultor de la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe con sede en Chile y consultor para el proyecto de reforma del Congreso. Se desempeña como consultor en gobernabilidad, sistemas políticos y análisis de coyuntura para organismos nacionales e internacionales.