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Los jóvenes humillados

La mayoría de estrategas de la actual campaña considera a los jóvenes electoralmente estúpidos, poco informados y altamente frívolos, de modo que frente a ellos no valen las ideas. Presumen que con ese sector basta una buena combinación de colores en la publicidad, algo de bulla en la TV y el uso profuso de las redes sociales con mensajes trillados. Ese modelo de campaña elude los problemas reales y vigentes de los jóvenes y propone una interlocución política/joven reducida a lo lúdico. En resumen, la juventud solo demanda diversión, no derechos.
Esa visión conservadora, en un país ya conservador, no asocia como antaño a los jóvenes al cambio y por ello no se lo proponen. Los candidatos jóvenes sintetizan esa cultura ejerciendo ellos mismos un discurso que humilla a la juventud. A lo más llegan al manido “¡Ahora le toca a los jóvenes!”, sin explicitar la agenda joven del Perú actual.
Un problema de esta campaña es la apatía ciudadana y, en ella, la de los jóvenes. Su inhibición política contrasta con el grado elevado de su frustración en temas públicos sobre los que la sociedad y el Estado presentan déficits insostenibles. El discurso proeducación de la mayoría de candidatos no atiende la totalidad de las expectativas de los jóvenes, como la falta de empleo o el empleo precario, la exclusión social, el temor al futuro sin protección, su seguridad personal y la amenaza de las drogas, entre otros.
Lo que más me llama la atención, no obstante, es la exclusión de los jóvenes de la campaña electoral. Salvo casos muy específicos de candidatos al Parlamento, la tendencia general es imaginarse a los jóvenes como oyentes y destinatarios del mensaje, nunca como actores, protagonistas y parte del proceso electoral. Es natural que ello suceda; al expropiarse a los ciudadanos aspectos claves de la democracia, como la elección de sus candidatos y el diálogo programático, también se les arrancó a los jóvenes la voz del cambio. A la exclusión social de millones de ellos le ha seguido su exclusión política. Por eso, los jóvenes son protagonistas de las decenas de conflictos sociales que agitan el país en esta etapa.
Quizás sea tarde para pedir una corrección, que se abandone el modelo de campaña que subestima y agrede a los jóvenes. No es tarde, sin embargo, para que ellos mismos sientan que deben definir una postura frente a ese tipo de campaña, de política y de democracia.

http://juandelapuente.blogspot.com/

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Juan de la Puente Juan de la Puente

Periodista, abogado y politólogo. Egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) de Lima, con estudios de maestría en Ciencias Penales y Ciencias Políticas. Realizó el Curso de Descentralización en la Universidad de Alcalá (Madrid).

 

Ex Profesor en la UNMSM en los cursos de Pensamiento Político Peruano y Teoría del Gobierno. Es profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de San Martín de Porres (USMP) de Lima, y de Pensamiento Político Peruano y de Participación Política en el Instituto de Gobierno (IG), de la misma universidad. En la USMP preside el Fondo Editorial. Fue director del diario La Primera, del programa La Mitad Más Uno de Televisión Nacional del Perú y jefe de la sección política de La República.

 

Fue Consejero Presidencial del Presidente Alejandro Toledo (2001-2006. Impulsor del Acuerdo Nacional suscrito el 22 de julio del 2002 por 7 partidos políticos, 7 organizaciones de la sociedad civil y el gobierno, e integrante actual de su Comisión Técnica de Alto Nivel. Responsable del diseño inicial del Programa Juntos de Transferencia Condicionada (fase inicial, 2004), actualmente vigente y coordinador del Programa Consejos de Ministros Descentralizados (CMD), de la Presidencia de la República del Perú, entre el 2004 y 2006. Se desempeñó como consultor de la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe con sede en Chile y consultor para el proyecto de reforma del Congreso. Se desempeña como consultor en gobernabilidad, sistemas políticos y análisis de coyuntura para organismos nacionales e internacionales.