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Muere Vallejo, Muere

Diego de la Torre acaba de publicar un artículo (EC, 13/3/2012) en el que afirma que César Vallejo influyó de manera negativa en el subconsciente colectivo de los peruanos y que el estilo de su cuento “Paco Yunque” le hizo daño al país. También afirma que Julio Ramón Ribeyro tenía una narrativa que sublimaba y endulzaba el fracaso. El articulista se felicita porque esa percepción pesimista ha trocado en una mentalidad ganadora.

 

Me acabo de enterar de que alguna vez fuimos un país pesimista y no se quién ha realizado ese estudio tan vasto y concluyente premunido de las tesis de Carl Jung. Fuera de eso, llama la atención una versión tan básica del optimismo nacional construida desde la filosofía del Perú como marca, no como nación, es decir, un producto reluciente al que se debe vender sin fisuras ni arrugas y, si es posible, sin historia. Impactan más las conclusiones facilonas respecto de problemas complejos: la crítica social es sinónimo de pesimismo; la denuncia literaria del feudalismo peruano fue una letanía derrotista; y la Revolución Francesa no fue un salto histórico a la libertad sino una carnicería generada por Voltaire y Marx (este último nació 60 años después). Para ser coherente, esta visión debería sugerir que en los colegios se prohíba a Cesar Vallejo, Mario Vargas Llosa, Guamán Poma de Ayala y Garcilaso de la Vega.

 

La afirmación del carácter destructivo/constructivo de los pensamientos, no de las acciones, no es nueva ni solo peruana. La ciencia política lleva décadas intentado una respuesta sobre una discusión previa: que si el cambio es impulsado por las ideas o por el interés. Sin embargo, entre la variedad de teorías sobresale la más conservadora, la que niega todo cambio que se propone democratizar el acceso al poder y al bienestar basándose en la desconfianza en el futuro, es decir, desde el pesimismo. Manuel González Prada, el fundador del pensamiento político peruano, y luego Haya de la Torre y Mariátegui, levantaron los ideales optimistas del cambio precisamente contra el derrotismo conservador.

 

A esa generación perteneció César Vallejo. En él, es un crimen separar su compromiso estético de su compromiso político. Es más absurdo congelar su imagen en el pesimismo. Como afirma reiteradamente el profesor Marco Martos, Vallejo asumió y sumó distintas identidades si bien contradictorias pero que vivieron en perpetua convivencia. Negar y desconocer esa extensión, desde el primer Vallejo de Los heraldos negros hasta el Vallejo universal de España aparta de mí este cáliz y Poemas humanos, y reducir la riqueza de su palabra, es profundamente arbitrario. Es, además, inútil para los fines de la construcción de un país más seguro de sí mismo. ¿Qué puede tener más fuerza que las palabras de un poeta universal, en las que se reconocen los peruanos, incluso aquellos cuya voz aún no se escucha? Desde la gloria nos volverá a decir: “Quizás me han confundido con mi llanto”.

 

http://juandelapuente.blogspot.com/

Hay 5 Comentarios
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16 de marzo de 2012 | 20 hrs
escribe:

Como muestran estudios, el vate padecía de este mal incurable, que no había sido estudiado y que en el mejor de los casos le habría significado tratamienos vía electroshock. Felizmente ningún loquero puso sus garras en el cerebro de nuestro universal poeta del dolor humano.
"Me moriré en París con aguacero un día del cual tengo ya el recuerdo": verso que revela que la muerte vaga por los recovecos de su mente, por mucho tiempo, y que llegó a solidificarse como memoria de claridad cristalina.

15 de marzo de 2012 | 14 hrs
escribe:

Creo que acierta el articulista Diego De La Torre, respecto a la inspiración de la realidad peruana de entonces de Cesar Vallejo,plasmando en sus poemas la desigualdad y la explotación que vivían los pobres en el Perú y que todavía existe, ojalá con el crecimiento económico del país pueda hacer desaparecer paulatinamente la extrema pobreza en el territorio nacional.

15 de marzo de 2012 | 14 hrs
escribe:

No he leido el artículo de Diego la Torre, pero debe ser alguien parecido al niño H. Grieve; no ha hecho la tarea- leer a Vallejo.

15 de marzo de 2012 | 11 hrs
escribe:

Democracia y Tolerancia siempre van de la mano. Ni ese señor Diego la Torre, ni nosotros mismos, podemos sentenciar y esperar influenciar en el lector a favor o en contra de determinado escritor. Mas aun, como en el caso de Cesar Vallejos, si éste ha sido reconocido mundialmente y sus obras traducidas a muchos idiomas. Las opiniones de los "descubridores de América" son respetadas, pero no necesariamente aprobadas por los lectores. Estoy de acuerdo con la opinión de Juan de la Puente.

15 de marzo de 2012 | 11 hrs
escribe:

Nada novedoso lo de Diego de la Torre, sólo pretende ser el abanderado de quienes relacionan crítica con resentimiento, visión muy extendida entre la juventud clasemediera... Saludos

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Juan de la Puente Juan de la Puente

Periodista, abogado y politólogo. Egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) de Lima, con estudios de maestría en Ciencias Penales y Ciencias Políticas. Realizó el Curso de Descentralización en la Universidad de Alcalá (Madrid).

 

Ex Profesor en la UNMSM en los cursos de Pensamiento Político Peruano y Teoría del Gobierno. Es profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de San Martín de Porres (USMP) de Lima, y de Pensamiento Político Peruano y de Participación Política en el Instituto de Gobierno (IG), de la misma universidad. En la USMP preside el Fondo Editorial. Fue director del diario La Primera, del programa La Mitad Más Uno de Televisión Nacional del Perú y jefe de la sección política de La República.

 

Fue Consejero Presidencial del Presidente Alejandro Toledo (2001-2006. Impulsor del Acuerdo Nacional suscrito el 22 de julio del 2002 por 7 partidos políticos, 7 organizaciones de la sociedad civil y el gobierno, e integrante actual de su Comisión Técnica de Alto Nivel. Responsable del diseño inicial del Programa Juntos de Transferencia Condicionada (fase inicial, 2004), actualmente vigente y coordinador del Programa Consejos de Ministros Descentralizados (CMD), de la Presidencia de la República del Perú, entre el 2004 y 2006. Se desempeñó como consultor de la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe con sede en Chile y consultor para el proyecto de reforma del Congreso. Se desempeña como consultor en gobernabilidad, sistemas políticos y análisis de coyuntura para organismos nacionales e internacionales.