El gobierno anuncia que en 90 días realizará sesiones descentralizadas del Consejo de Ministros. La iniciativa será acompañada de visitas presidenciales prolongadas para examinar en el terreno programas y proyectos con regiones y municipios. Quizás sea el mecanismo crucial para resolver de modo expeditivo el histórico bajo nivel de gasto del gobierno central y de los gobiernos subnacionales e impulsar la recuperación de la inversión pública como mecanismo para frenar los efectos de la inminente crisis internacional.
Coordinamos entre el 2004 y 2006 los Consejos de Ministros Descentralizados (CMD) durante el gobierno del presidente Toledo, junto al CIAS (Consejo Interministerial de Asuntos Sociales), dirigido por el hoy ministro de Trabajo, Rudecindo Vega. Los 14 CMD, el primero en Junín y el último en Ica, crearon entre la región y el gobierno un nuevo vínculo, el de los proyectos compartidos tanto por el financiamiento como por la supervisión. Recreamos en aquel momento, tomando la experiencia de los Consejos Comunales del presidente Álvaro Uribe de Colombia, una interlocución regional con resultados alentadores. La iniciativa fue también asumida por el gobierno del presidente García en más de una oportunidad.
El traslado del gobierno a una región, así sea por algunas horas, no es una medida simbólica, más aún si la agenda aborda los temas de la región visitada. En la experiencia citada, los CMD forzaron una relación práctica y diaria entre la región y el Ejecutivo en el marco de la naciente descentralización. Al gobierno le permitió sacudir la burocracia central, recuperar proyectos extraviados por la indolencia y dotarse “desde arriba” de una visión del territorio; y a las regiones, los CMD les permitieron fortalecer, o recuperar en más de un caso, la visión integral de su poder e identificar los quehaceres regionales y locales prioritarios. Esa nueva complicidad acercó al Estado con el Estado y a esos “dos estados”, el regional y nacional, con la sociedad civil.
En esta etapa el país demanda un ordenamiento casi en vivo de la gestión pública. En una década el Estado ha crecido en tamaño, competencias, recursos y capacidad de gasto. Este crecimiento no implica, necesariamente, un desarrollo ordenado porque se produjo en el contexto de una extremada debilidad y una escasa densidad. Salir de Lima es una buena noticia.