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Consideración con los demás

Yo soy una persona considerada y creo que esa es mi mayor virtud. Dar no es entregar lo que te sobra, es entregar incluso aquello que te sirve, que te puede hacer falta. Por eso siempre pienso que es gratificante ayudar al que no tuvo las mismas oportunidades que tú.

Es solo un poco de buen criterio, desprendernos de algo que está a nuestro alcance para lograr que otros superen o alivien sus dificultades. Por eso es que constantemente trato de revisar mis armarios, prescindir de la ropa que está en buen estado, pero que simplemente no la vas a volver a usar por tal o cual razón, para que la luzca otra persona.

Ya sea porque engordaste un par de kilos o porque la prenda está, según tú, algo pasadita de moda, no dudes en regalarla a quien la pueda necesitar. Es maravillosa la alegría que se siente cuando una aprende a compartir. Palabra un poco extraña para muchos, pero conocida para los que tienen buen corazón. Una siempre tiene la buena intención de entrar en esos jeans que no te quedan hace más de tres años, y créeme, no va a pasar de la noche a la mañana y menos si no te esfuerzas para hacerlo. Así que no es por ser pesimista pero mejor regálalos… De todas maneras encontrarás unos mejores para la siguiente temporada. Hablo por experiencia propia. Tenía unos jeans allá por el 2002 que me quedaban increíbles, o al menos eso era lo que yo pensaba. Y los guardé varios años.

Hasta que un día, después de cinco años, por fin me volvieron a quedar. Fue un caso extremo por que te hablo de cuando tenía 16 años. Y esos jeans recién me volvieron a entrar a los 21. La verdad que me costó: hay muchos de cambios en el cuerpo en esa etapa. Al final, lo logré, pero saben lo que pasó… Era indiscutible, esos jeans ya no estaban de moda. La época de los acampanados había pasado, esos pantalones eran de otro tiempo. Entonces, cuando por fin los tuve puestos ni siquiera pude salir a la calle, fue un desastre.

Solo me quedó bailar canciones de la época en mi sala y despedirme de los lindos pantalones acampanados que tenían su historia. Pero eso eran, historia. Aunque mi ego estaba conforme, esa experiencia me ayudó a comprender que no vale la pena guardar piezas en el clóset que no sean significantes. Y seguro me preguntarán cuales son las significantes. Las que te quedan el día de HOY perfecto y te sientes radiante con ellas.

Hay 1 Comentario
12 de agosto de 2013 | 07 hrs
escribe:

"cuando por fin los tuve puestos ni siquiera pude salir a la calle, fue un desastre"
pero que tamaña banalidad. Con la cantidad de gente en el mundo que no tiene si quiera un estropajo para cubrirse.

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