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Atuncito, fogataza, dancing

Mi época campamentera comenzó en los primeros años de secundaria animada por la familia de un amigo del colegio aficionada a la vida al aire libre. Recuerdo que tenían un curioso camper que, una vez instalado en el lugar, sus paredes se levantaban con una manivela. Aquél era destinado a los papás y las hermanas, mientras que mi amigo y yo instalábamos nuestra carpa afuera en épocas donde la juerga era jugar Monopolio. El destino escogido era Chepeconde, pero también había otros cercanos como Puerto Fiel, Lobos, Los Reyes, Sarapampa.



Eran los ochenta y aún eran playas vírgenes impenetradas por el avance inmobiliario y la clausura de su disfrute público (¿por qué no se defendieron algunas playas para los campamenteros?) Después del destete, seguimos yendo de campamento, pero ya sin la mirada adulta con nuevos amigos y nuevas aficiones e intereses también. Precisamente una de esas semanas santas terminamos recalando en Chepeconde con media docena de amigos pezuñentos (la palabreja de moda). Eran épocas de precariedad, no solo por la situación económica, sino por lo que nosotros mismos (con nuestras propinas) podíamos comprar. Precario, rumboso y trivial era nuestro disfrute adolescente donde las chicas, dada nuestra crianza de colegio masculino, eran aún un misterio por descubrir.



Allí nos encontrábamos con otros en igual situación. Recuerdo un personaje peculiar que siempre nos quería pasar la voz para que fuéramos a su campamento, animándonos con un “vamos, que va a haber atuncito, fogataza dancing”. Tal cual. Nunca le hicimos caso, porque su actitud nos parecía más trivial aún que nuestra propia trivialidad. Y eso era bastante decir. Veinticinco años después creo que la insignificancia de lo que representa el atuncito, fogataza, dancing, aún sin aquella precariedad económica, sigue instalada en nuestra semana santa. Consummatum Est.

 

Hay 2 Comentarios
09 de abril de 2012 | 10 hrs
escribe:

Muy bien escrito gonzalete, muy bien escrito

09 de abril de 2012 | 07 hrs
escribe:

mmmm...me quedé con ganas de leer mas... por que tan corto e inconcluso?

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Gonzalo Torres Gonzalo Torres

Le gritan en la calle ¡Gonzalete! y él voltea, le gritan ¡A La Vuelta de La Esquina! y también voltea, le gritan ¡imbécil! y jamás voltea. Espera que le griten ¡Limando! en esta nueva aventura en La República.

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