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Siete

El siete es un número extraño. Cabalístico. Ubicuo: Siete Colinas de Roma, Siete Maravillas del Mundo, Siete Enanos, Siete Notas Musicales, La Comezón del Sétimo Año, Ultra Siete, Los Siete Chakras, Los Siete Días, Setenta veces Siete… y se cumplieron siete años de “A La Vuelta De La Esquina”, el programa con el que recorro Lima dizque contando historias cuando es tan solo un pretexto para caminar y hacer ejercicio. Falta que me hace.

Quizás por ese número siete de tendencia mágica de pronto me pasa que necesito mirar hacia atrás, volviendo a andar lo andado en espera de alguna especie de gnosis reveladora, una epifanía tan brillante y repentina que me coja sin mis anteojos de sol para que me deje ciego con eterna sabiduría. No hay tal. Hay más bien, creo yo, una constante de Planck de visiones como fogonazos en las cuales se atisban afirmaciones generales.

Lima no es la misma de hace siete años. Lo sé porque la vengo mirando atentamente así como quien mira los cambios de tu plantita en la ventana. La primera visión la tuve mirando el libro fotográfico que sobre Lima publicara Mario Testino. Allí aparecía una foto de las estructuras truncas del tren eléctrico, una obvia metáfora de la Lima (y por extensión del Perú) a medio hacer, llena de planes que nunca son terminados, de la posibilidad inacabada, el lugar de ese inveterado “casi”: casi ganamos una guerra, casi ganamos un partido (pero qué bonito se jugó), casi somos primeros. Pero, un momento, digno lector, algo aquí no cuadra y es que, ¡el tren ya funciona! Hemos pasado de la posibilidad trunca a la posibilidad posible así sin darnos cuenta. ¿Y si todos nos subimos de una buena vez a esa posibilidad, pero juntos?, digo. Así desterramos de una vez el maldito “casi” para siempre. Me guardo para el futuro mis otras visiones, como los pastorcitos de Fátima.

Hay 2 Comentarios
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28 de mayo de 2012 | 16 hrs
escribe:

Pero los edificios no hacen ciudad, querido Gonzalete....lo triste es que los cambios mayores, son los que nos hacen daño: el miedo a la calle, a los taxis ladrones y secuestradores, a los raptos, a los asesinatos....a la policia, que ocupa un espacio social que no sirve para nada....y al maltrato que da esta ciudad a sus habitantes pobres: transporte horroroso y lentisimo; hay que contar horas para atravesar la ciudad.En Lima no se vive, se sobrevive.

28 de mayo de 2012 | 09 hrs
escribe:

Definitivamente, Lima ha cambiado ... Me pregunto cuántos años pasarán para ver limpio el mar....
P.d: inverterados??

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Gonzalo Torres Gonzalo Torres

Le gritan en la calle ¡Gonzalete! y él voltea, le gritan ¡A La Vuelta de La Esquina! y también voltea, le gritan ¡imbécil! y jamás voltea. Espera que le griten ¡Limando! en esta nueva aventura en La República.

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