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Compartir ubicación

Desde que tengo un iPhone debo soportar toda clase de infumables discursos sobre la tecnología y la incomunicación humana. Cada vez que pongo mi celular sobre la mesa del almuerzo, me siento como una mafiosa que pone su pistola al lado del plato. Puedo sentir la hostil mirada de quienes esperan por alguna extraña causa TODA mi atención. Defiendo cada día mi derecho a la multitarea y me asumo precozmente como una Cyborg, esto es, como un ser vivo mejorado por su íntima relación con la máquina.

Todo iba bien hasta que el otro día, estábamos Jaime y yo en la cama, revisando el correo cada uno desde su teléfono y se nos ocurrió la genialidad de compartir nuestra ubicación en el WhatsApp, esa aplicación con la que podemos textear gratis, mandar fotos, audio y, por si fuera poco, enviar nuestra localización actual para no perdernos y, sobre todo, para que nadie que nos esté buscando se pierda en el camino. ¿Veríamos nuestros pequeños avatares uno encima del otro en nuestra cama de píxeles?

Jaime y yo intentábamos localizarnos en el mapa y en el territorio, cuando oh sorpresa, según mi teléfono, él se encontraba a 350 metros de mí, en medio de la plaza que está a dos cuadras de nuestro departamento. Según su teléfono, yo estaba algunas calles más abajo, en la puerta de un museo. Pero de hecho Jaime estaba aquí, a centímetros de mí, sentía su calor, oía sus risas, él oía las mías, aunque en la pantalla fuéramos dos entidades azules, distantes y trémulas.

Desde que tengo un teléfono inteligente, no he hecho más que negar la tesis de que estos artefactos que tanto nos conectan, estén en realidad contribuyendo a nuestra desconexión total del otro y de uno mismo. Puede ser cierto o no, pero siempre será un error echarles la culpa, ellos sólo son inteligentes. Nos toca a nosotros decidir si la distancia que detecta la máquina es la distancia real. 

Hay 4 Comentarios
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01 de agosto de 2012 | 18 hrs
escribe:

Para lo referido en la columna bastaba un tweet, no era necesario malgastar el espacio de una columna y mucho menos nuestro tiempo.

20 de julio de 2012 | 19 hrs
escribe:

Es logico, según la tecnologia no es la distancia real en la que ustedes se encuentran, es un acercamiento ficticio la que hacen que ustedes se sientan uno al lado de otro. Es muy dificil aceptar la verdadera realidad.

20 de julio de 2012 | 10 hrs
escribe:

Ciertisimo! El otro dia me pille comunicandome con mi hija via e mail, aunque ella estaba tan solo en su habitacion, encerrada y con su computador, por su puesto, abierta al mundo pero lejos de su familia!!

20 de julio de 2012 | 08 hrs
escribe:

Eso es normal con la ubicacion por GPS, lo que no me parece tan normal es que digas que tiene un error de 350 m. Yo pensaba que tenian un rango de 30 m. maximo. En fin, ya se lograra mejorar eso en el futuro y seremos mas dependientes de ello. Yo por mi parte aun no tengo celular.

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Gabriela Wiener Gabriela Wiener

Escritora, periodista y una de las nuevas voces del periodismo narrativo latinoamericano último. Ha publicado los libros "Sexografías" (Planeta) y "Nueve lunas" (Random House Mondadori). Sus primeros textos se publicaron en la revista peruana Etiqueta Negra. Ha escrito para el diario El País, las revistas Esquire y Orsai, entre otros periódicos y revistas de América Latina y España. Vive en Madrid y actualmente trabaja como redactora jefe de la revista Marie Claire (España). Sus crónicas han sido recientemente antologadas por las  colecciones "Mejor que ficción. Crónicas ejemplares" (Anagrama, 2012) y "Antología de la crónica latinoamericana actual" (Alfaguara, 2012).  Publicó la plaqueta de poesía "Cosas que deja la gente cuando se va".

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