Por Ramiro Escobar
Atención: la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago no es una más, de esas que se caracterizan porque el acuerdo principal es dónde será la próxima reunión. Hay algo más, que no está en el programa oficial, sino en el aire.
Se trata del ambiente en que esta cumbre se realiza, de una suerte de cambio climático-político impensable hace sólo unos años, cuando la administración Bush iba a esta cita con una zanahoria en la mano y el vetusto garrote anti-comunista (o anti-gringos) en la otra. Ahora, hay un tiempo más disipado, cierto respiro diplomático.
La nueva sensación, por supuesto, está alimentada por los vientos que trae Barack Obama, quien según todos los indicios –y a pesar de su relativa displicencia hacia el ‘patio trasero’– intenta ‘refundar’ una nueva relación continental. Ya ha habido señales: el relajo al candado cubano y el mea culpa sobre el consumo de drogas.
Pero, a la vez, desde América Latina, viene una ráfaga política muy fuerte, que pretende terminar de convencer a Washington de lo errático de sus delirios anticastristas (embargo incluido). En esa cruzada ya se apuntaron no sólo los ‘albistas bolivarianos’ sino países como Chile (a propósito, ¿cuál será la posición de nuestro gobierno ‘de izquierda’?)
Al cierre de estas líneas ya los cables anuncian que el asunto entró con fuerza al cónclave, no obstante que no era parte de la agenda. Pero que Hillary, coqueta ella, ha dicho que no soltarán más prenda si no hay liberación de presos políticos, algo que La Habana, off course, sólo aceptará si le devuelven a sus cinco agente presos en EEUU.
Aunque ya dijimos en estas líneas que esa reconciliación no será rápida, resulta histórico que el tema se discuta. En 1962, Cuba fue expulsada de la OEA por votación y bajo el argumento de que la adhesión al ‘marxismo leninismo’ era incompatible con el sistema interamericano. Entonces, se abstuvieron Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador y México.
Como hoy hablar de marxismo ya no alarma casi a nadie –salvo a algunos dinosaurios–, y como incluso los gobiernos ‘socialistas’ no confiesan esa fe tan alegremente, el tema está allí. Pero la pregunta es cuál será el punto de equilibrio para lograr la ‘normalización’. Porque Cuba y EEUU siguen mostrando que se la quieren llevar fácil.
¿Se puede construir una América más armoniosa con presos políticos o bravuconadas, como la de Hugo Chávez contra el alcalde Caracas (al nombrar una suerte de virreina en la ciudad, para no perder control político)? A la vez, ¿puede tomarse en serio a Washington mientras no dé muestras reales de ya no mirarnos con el rabo del ojo?
Obama parece dispuesto a una ‘nueva diplomacia’, quizás a una ‘Alianza para el Progreso’ más progresista. Tal vez también está buscando a América, a toda América, no solo a la que está al norte del río Grande.
Si su decisión es honesta, en ese esfuerzo lo podrían ayudar Lula y otros mandatarios, acaso menos bolivarianos pero más realistas.
