Por Ramiro Escobar
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Santiago de Chile.- No hay mucha agitación en las calles, por lo menos no más de la que propicia la agitada vida comercial de esta ciudad, pero sí se nota cierto aire de duda en el ambiente. Duda de quién ganará, duda de votar –el sufragio aquí no es obligatorio–, duda, incluso, de si, en efecto, poco cambiaría si, finalmente, gana el magnate Sebastián Piñera.
En su local de campaña, sin embargo, hay la convicción de que, esta vez sí, arrollará a la Concertación, el frente gobernante que crece, flota en el aire risueño –demasiado confiado diría yo– de sus partidarios. Pulula la gente con pins, con pulseras de propaganda. Un gran cartel lo muestra sonriente en la puerta con la frase ganadora. “Súmate al cambio”.
¿Cambio? ¿Qué cambio? Una señora en una farmacia me dice que no va a votar porque nada nuevo va a pasar, pero una colega retruca que si, en efecto, la política económica no va a cambiar, sí corren riesgo los derechos laborales. Dos mendigos apostados en una esquina del barrio residencial de Las Condes parecen enfatizar dicha interrogante.
Es por eso que la Concertación ha insistido con una, digamos, respuesta de campaña: “No da lo mismo”. “No da lo mismo soñar ser un ciudadano que un cliente” y lemas por el estilo. Como que la diferencia, para algunos sustancial, es que no cambiarán las curvas estadísticas, pero sí un cierto sentido de la vida si gana la derecha, descafeinada o no.
De allí que, por ejemplo, varios artistas e intelectuales, como el escritor Antonio Skármeta, hayan salido a declarar su apoyo al candidato Eduardo Frei. Claro, no han sido tan publicitados como Mario Vargas Llosa y Jorge Edwards, aunque están allí diciendo cosas como “no da lo mismo soñar con la felicidad que comprar la felicidad”.
La CUT (Central Única de Trabajadores) también se ha cuadrado detrás del candidato oficialista. La razón práctica e histórica: “Todos contra la derecha”. No, no estamos en el Chile de Salvador Allende, pero este domingo 17 se aproximan a una gran batalla en las urnas, cuyo resultado final será todo, menos un vuelo fácil para el dueño de LAN.
