Por Ramiro Escobar
rescobar@larepublica.com.pe
El pasado domingo 11/09/2011, fecha que desde 1973 (golpe contra Allende) y el 2001 (atentado contra las Torres Gemelas), suscita sensaciones políticas sísmicas, 13 ex presidentes latinoamericanos se reunieron en Lima para recordar otra fecha que también es, digamos, telúrica y perdurable: la firma de la Carta Democrática Interamericana.
Llamó la atención en el cónclave, sin embargo, una discrepancia fundamental, que debe resolverse, so pena de convertir a la Carta en un mensaje de twitter sin destino. Mientras los ex presidentes Noboa de Ecuador, Saca de El Salvador y Toledo de Perú le cargaron la tinta a Ecuador, Bolivia, Venezuela y Nicaragua, otros no se sumaron al cargamontón.
Entre ellos, Samper de Colombia, Mesa de Ecuador y Torrijos de Panamá, que insistieron cada quien a su estilo, en “no ideologizar” el asunto, en sugerir que los “malos” no están sólo en la órbita del “Socialismo del Siglo XXI”. Samper llegó a decir que eso sería un “suicidio político”, a lo que se podría agregar que también sería un tributo a la irrealidad.
En materia de libertad de expresión, por ejemplo, los presidentes Chávez y Correa son los adalides de la relación tumultuosa con la prensa, a la que estrujan o amenazan. Pero en Chile, hace poco, Sebastián Piñera propuso, casi “chavistamente”, una ley por la cual el Ejecutivo podría monitorear todo lo que sale sobre las autoridades en las redes sociales.
Claro, la iniciativa no pasó, aunque deja constancia de que esos impulsos no anidan solo en los predios bolivarianos. Aún peor es el caso, ya judicializado, de los cerca de ¡1000! “falsos positivos” (ciudadanos asesinados por el Ejército Colombiano, falsamente acusados de ser miembros de las FARC), que estalló durante el período de Álvaro Uribe.
¿No es suficiente para acabar con una visión maniquea interamericana? La Carta obliga a los gobiernos a promover y defender la democracia, y a los pueblos a reclamar por su derecho a ella. Y eso se tiene que hacer cuando se secuestra a los Poderes del Estado, con boina incluida, pero también cuando con terno y corbata se permiten crímenes y abusos.
+ Secciones
Especiales