Hacer profecías sobre la geopolítica mundial puede ser mal negocio. Uno no puede pegarla de “pulpo Paul” en esta materia y la prueba mayor de ello es que si a algún sesudo analista le preguntaban, apenas en diciembre del 2010, si preveía una ola de cambio en Oriente Medio y el Magreb, habría dicho que se trataba de un delirio.
Lo que sí se puede hacer es observar ciertas tendencias e intuir que se mantendrán algunos procesos, arte en el que hasta Nostradamus era cauto. Así, parece un hecho que la “primavera árabe” seguirá, en medio de tumultos y giros en las distintas hojas de ruta, y que las elecciones sucesivas seguirán propiciando la llegada de islamistas al Poder.
Los resultados en Túnez y Egipto están entusiasmando al Islam político y aunque se trata de partidos hasta ahora moderados, puede que se transformen llegando al gobierno. Sería penoso, sin embargo, que, copiando malas costumbres de otros lados, se olviden del ciudadano árabe de a pie y túnica, que fue quien realmente parió el movimiento.
Los “indignados” occidentales, por su parte, tienen carbón para seguir ocupando plazas y asediando a la clase política y a los bancos, siempre y cuando no sean capturados por el sistema y se conviertan en una “marca joder” o algo así. No hay visos de que la crisis mundial remita, por lo que indignarse forma ya parte del sentido común contemporáneo.
Las elecciones en Estados Unidos serán el gran acontecimiento político del año, y el gran riesgo además. Si el 6 de noviembre ganan los republicanos, que tienen unos candidatos vecinos al tremebundo Tea Party, podría darse la insólita situación de que el mundo extrañe a George W. Bush. Obama no la tiene fácil: su “Yes we can” sería contra ellos.
En América Latina hay tres elecciones en la mira: República Dominicana, México y Venezuela. Las más agitadas, aún sin merengue, serán las dos últimas; en una porque podría marcar el retorno del PRI (Partido Revolucionario Institucional) al Poder y en la otra porque Chávez siempre es Chávez.
Aún sumido en su tratamiento, el “Comandante” hará noticia, máxime porque es probable que tenga al frente a un solo candidato de la oposición unificada. Las otras noticias tumultuosas de la región quizás sigan viniendo de Chile, donde los estudiantes sólo están de vacaciones. O de Bolivia, donde todos los indígenas ya no bailan con Evo Morales.
¿Y no se acababa el mundo en el 2012, según la cacareada profecía maya? Lo único que podría alentar esa hipótesis son los peligrosos juegos de guerra nuclear que está haciendo Irán en el estrecho de Ormuz.
