Por Ramiro Escobar
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Días agitados en Oriente Medio, en Washington, en Nueva York, en Bruselas, hasta en América Latina. Mahmud Abbas, el presidente palestino, ha decidido solicitar a la ONU que reconozca al Estado palestino, primero en el Consejo de Seguridad (CS) y, si no lo logra (por el veto de EEUU), irá a la Asamblea General (AG), que deberá tomar valium.
¿Por qué se ha llegado a este punto dramático en el conflicto palestino-israelí? Hay un mal que se llama intransigencia y que no es ajeno a las relaciones exteriores. Israel lo ha puesto en escena al negarse –contra la opinión global, no solo palestina– a seguir construyendo asentamientos de colonos en los territorios que ocupó militarmente.
Esto ha ocurrido durante años y ha continuado en el actual gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu, quien debido a su filiación política (derecha dura) no es muy devoto del proceso de paz. En esas condiciones, cualquier negociación sabe a broma cruel para los palestinos, quienes, a su vez, son expertos en ser intransigentes entre ellos mismos.
Abbas se juega así una carta radical que buscaría varias cosas: escapar del corsé de la negociación que siente que le imponen EEUU y la UE (y que avanza poco o nada, mientras las escaramuzas violentas continúan), buscar una mayor unidad en su frente interno y, fundamentalmente, agitar el avispero mundial de una vez por todas.
Este último factor, aunque suene a geopolítica de las emociones, es esencial. Tanto si se lleva al CS como a la AG, los países, pálidos o rollizos, tendrán que decir algo sobre esta causa moral de nuestro tiempo. La UE, por ejemplo, deberá pronunciarse, sin fisuras en lo posible, y América Latina también, aunque no juegue tanto en la cancha grande.
Palestina, si no es aceptada con pleno derecho por el CS, pedirá ser “Estado observador” en la AG y dejar la brumosa categoría de “entidad observadora”. ¿Es mucho pedir para un pueblo despojado, a pesar de sus errores? Las próximas semanas dirán si el mundo está listo para dar este salto dialéctico y crucial, que encierra una posibilidad de futuro.
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