Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento electoral, la oposición venezolana ha encontrado, por fin, un candidato que el 7 de octubre, día de los comicios presidenciales, puede hacer que acaben sus 13 años de soledad. Henrique Capriles Radonski no es, precisamente, un líder locuaz, pero parece tener una virtud: cierta moderación corajuda.
Ahora, el presidente Hugo Chávez tiene al frente a alguien más sereno, que no propone una cruzada contra él, que más bien lanza guiños a los chavistas desencantados, y que –para sacarse lustre social demócrata– se cuelga del saco de Lula y lo pone como paradigma. Que, incluso, como precandidato, contó con el apoyo de ex devotos políticos del mandatario.
De allí que, en su primera reacción, el ‘Comandante’ haya lanzado gritos de guerra, broncos insultos (ha llamado ‘cochino’ a su rival, algo que revela pésimos modales democráticos), maldiciones. Lo que quizás pretende es picar a su opositor, radicalizarlo, evitar que, con un discurso sobrio, se ponga en un centro político que comience a ser atractivo.
Capriles se ha limitado a decir que Chávez es un “boxeador agotado” y no ha contestado los no tan velados ataques antisemitas (es de origen judío) y las insinuaciones acerca de su presunta opción gay, dos elementos que van perfilando una campaña de bajezas. Pero, ya en el terreno de las dudas electorales, el silencio o la victimización no le bastarán.
La mayor batalla que debe librar es la del convencimiento, la de la seducción a quienes quieran hacer un giro político, pero no perder algunos logros sociales que les ofrece el chavismo. La oposición debe hablar más del presente y futuro de Venezuela, de los problemas económicos reales, no tanto del escozor que el mandatario les causa y les causó.
Si presenta la imagen de que desmontará lo hecho por el ‘Comandante’ en los últimos años, su oportunidad se hundirá en el Caribe. Las ‘misiones’ que el gobierno ha montado, por ejemplo, incluyen servicios de salud, de educación, de alimentación, de recreación, de apoyo a la tercera edad. Capriles debe ofrecer una alternativa allí, en ese epicentro social.
La lucha será durísima. Chávez es un mandatario herido, por su salud y por su desgaste en el Poder, y no querrá dejar inconclusa lo que él considera su saga histórica. Por lo mismo, la oposición debe demostrar que también puede hacer Historia, no con histerias, sino con una propuesta de inclusión social que le mueva el piso al establishment chavista.
