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Entrando a Honduras

Por Ramiro Escobar

Internacionalista



Nuevamente de Centroamérica, esa parte de América Latina a veces algo obviada, llegan noticias turbulentas. Esta vez no se trata, como ocurrió en Guatemala, de un asesinado que, desde la ultratumba de un video, acusa al presidente de su muerte. Ahora, estamos ante un mandatario seriamente amenazado por la defunción de la institucionalidad.



Manuel Zelaya, el presidente hondureño, ha convocado para este domingo 28 un referéndum bastante sui géneris: ante la negativa del Tribunal Supremo Electoral y el Parlamento para autorizar la consulta, él la ha organizado, prácticamente, en calles, plazas, mercados, colegios. No habrá observadores internacionales, ni padrón electoral.



Quien quiera votar solo deberá llevar su documento de identidad. La pregunta a responder es si se está de acuerdo o no con que, en las elecciones de noviembre haya una cuarta urna (aparte de la presidencial, legislativa y municipal) para decir sí a una Asamblea Constituyente. En el fondo, aunque Zelaya lo niegue, se atisba la reelección.



A este ampuloso y extraño mecanismo, se le agregó un ingrediente explosivo: la destitución del general Romeo Vásquez, Jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas. Luego el culebrón continuó. La Corte Suprema restituyó al militar, hay soldados en las calles y rumores de golpe, mientras el mandatario porfía con la consulta.



Pero, ¿quién es este presidente aparentemente arrinconado? Zelaya es una extraña combinación de hombre de ideas liberales clásicas (llegó al poder con el Partido Liberal) y fuerte pensamiento social, que ha andado de arrumacos con Fidel Castro y Hugo Chávez y hasta se ha matriculado en la ALBA. Aún más: fue en su país donde, en la asamblea de la OEA realizada a fines de mayo, se acordó el retorno de Cuba al organismo.



Los muchachos ‘albistas’ incluso lo han llamado ‘Camarada Zelaya’, en medio de la turbamulta de estos días, aunque no se sabe bien qué pueden hacer para neutralizar la hondura de esta crisis.



En su propia tierra Zelaya cuenta con el apoyo de sectores campesinos y populares. En este trance ha salido a apoyarlo el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH). Tampoco es que este solo y abandonado en medio de la selva maya.



El mandatario, además, tiene ahora al lado a un presidente que llegó con un ex movimiento guerrillero (Mauricio Funes en El Salvador) y a un ex guerrillero aficionado a las componendas (Ortega en Nicaragua). Todo lo cual dibuja un nuevo panorama político en Centroamérica, distinto al habitual, donde la derecha ruda siempre prosperó.



El problema es que, como otros colegas suyos, Zelaya parece acariciar el pecado de la reelección, lo que lo sitúa en un terreno sospechoso de caudillismo. Con todo, no exageremos: sigue siendo un liberal, con rasgos populistas si se quiere, pero igual debería ser defendido en sus fueros democráticos por la OEA y por sus parientes políticos.

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