Por Ramiro Escobar
rescobar@larepublica.com.pe
Más de seis meses después del estallido germinal de la ‘primavera árabe’, acaecido en enero en Túnez, el proceso que sacudió las redacciones, las conciencias y los cotarros políticos no está estancado, ni apagado, pero ha perdido algo de la euforia inicial para mutarse en una suerte de ‘conflicto de mediana intensidad’. Que tiene algunos picos sangrientos.
Los más feroces están en Libia (se estiman 20,000 muertos desde el inicio del enfrentamiento entre rebeldes y leales a Gadaffi) y Siria (unos 1,500 fallecidos a causa de la represión de Bachir al Assad, según organismos de derechos humanos), dos países donde los tiranos se tambalean pero no caen. En parte porque no están pálidos de apoyo.
En los dos escenarios en los que la insurgencia popular triunfó, Egipto y Túnez, se ha convocado elecciones, a partir de septiembre y octubre respectivamente, y primero para el Parlamento. Pero el enjambre de dudas y postergaciones (las de Túnez iban a ser en julio) alienta la sospecha de que los poderes de antaño están allí, rebobinándose.
De allí que en ambos países hayan estallado nuevas protestas, incluso con muertos, como si el envión inicial hubiera sido insuficiente para tumbar el edificio de los que mandaban. En ese maremágnum político, el islamismo político ya comienza a asomar, más que antes, acaso consciente de que el río revuelto le puede otorgar más espacio del previsto.
A estas alturas resulta evidente que hacer profecías sobre el mundo árabe, a partir de las revueltas en curso, era temerario. Sobre todo porque, si bien hay comunes denominadores en esta zona (la religión, la lengua), los problemas de cada país son distintos. Gadaffi no era Mubarak, ni Bahrein es Túnez, ni el presidente de Yemen es el rey de Marruecos.
Aún así, lo que parece inevitable es que el ‘proceso’ continúe. Con esquinas sangrientas, tanto en el Magreb como en Oriente Medio. Con el islamismo asomando y ‘Occidente’ temiendo. Pero, al mismo tiempo, con una ciudadanía joven y vigorosa, que no muestra haberse quedado exhausta luego de haber removido teorías, tiranías y especulaciones.
+ Secciones
Especiales
