Por: Ramiro Escobar
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Al cierre de estas líneas, todo parecía indicar que el régimen libio estaba, sino en caída libre, al menos en proceso de muerte lenta pero segura, en fase terminal, luego de más de cinco meses de revueltas, masacres, enfrentamientos y entrampamientos. Le habría llegado la hora al granítico Muamar el Gadafi, aun cuando está literalmente esfumado del mapa.
A la pregunta sobre el paradero del autócrata –si no aparece pronto– se sumará estos días otra igual o aún más esencial: ¿qué viene después del derrocamiento de este viejo zorro de la política árabe y mundial, que durante décadas encandiló a la izquierda, a la derecha, al poder económico y a la prensa? ¿Qué ‘nueva Libia’ aparecerá en el tablero global?
Si bien el Consejo Nacional Transitorio (CNT), formado para liderar la algo anárquica revuelta, ha logrado mantener cierta cohesión, el panorama post-Gadafi no se muestra promisorio. Dentro de este frente hay desde ex ministros del régimen hasta opositores que estuvieron presos, pasando por líderes tribales y combatientes de corte islamista.
Dicha composición es consecuencia de cómo se vivía bajo las coordenadas del ‘Libro Verde’ (la ‘obra cumbre’ de Gadafi, que regía la vida de los libios), donde cualquier brote levantisco era pulverizado. No hay una, digamos, estructura ósea política que permita imaginar una estabilidad, más allá de la fe de los rebeldes casi triunfantes.
Entre ellos mismos hay rencillas muy serias. El general Abdel Fatah Yunis, jefe militar de la oposición armada, fue asesinado a fines de julio, por una facción que también lucha contra Gadafi. A eso hay que sumarle la alta posibilidad de que los derrotados se mantengan en pie de guerra, lo que dejaría poco respiro para el nuevo sistema político.
Todo este desenlace, finalmente, no deja de producir escozor moral. Lo que ha ocurrido en Libia es también consecuencia de la permisividad que, desde variopintas tiendas políticas y en distintas épocas, se le otorgó a un personaje que siempre fue torvo, pero al que el petróleo y el dinero le sirvieron para lavarse la cara y alentar ominosos silencios.
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