Por Ramiro Escobar
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Los presidentes Rafael Correa y Evo Morales parecen haberse puesto de acuerdo –sin querer queriendo o sin quererlo realmente– en abrirse un frente complicado: batallar contra la prensa, cerrarle espacios (con el argumento de abrir otros), enjuiciarla, criticarla a voz en cuello (el mandatario ecuatoriano tiene gran experiencia de campo en eso).
Correa ha sido el más áspero, al punto de tener en mira judicial al menos a cuatro periodistas, entre ellos, como ya señalamos acá, a Emilio Palacio, columnista del diario El Universo, a quien, en primera instancia, le pondrían tres años de prisión. Al diario le han clavado, acaso para crucificarlo, la módica suma indemnizatoria de 40 millones de dólares.
Uno tiende a preguntarse para qué rayos políticos estos dos mandatarios se enfrascan en esos líos, con ánimo a veces tropical o telúrico. ¿Ganan algo haciendo esa suerte de reality show desde las alturas? A juzgar por los comentarios ciudadanos, y también por algunas cifras, se trata de un esfuerzo inútil, de un desvarío que no tiene rédito alguno.
Al menos en Quito, por ejemplo, es usual encontrarse con que mucha –mucha– gente está de acuerdo con las obras de Correa (construcción de numerosas y necesarias carreteras, aumento de sueldo a los maestros), pero detestan lo que ven como prepotencia. No le gusta que se encare de ese modo con la prensa o con los ciudadanos que le fruncen el ceño.
En el caso de Morales, su aprobación subió en julio 6 puntos, a 48% por ciento, al parecer por el anuncio de que demandaría a Chile, en los tribunales internacionales, por una salida al mar. Pero la reciente ley aprobada en el Senado, que hace que el Estado se quede con un tercio del espectro electromagnético, lo pone otra vez en pie de guerra.
Alguien muy ‘revolucionario’ podría sugerir que lo importante es el apoyo popular, que los medios son facinerosos, etc., etc. Siendo cierto que la prensa, como cualquier gremio, nunca es impoluta, lo preocupante es cómo ese propósito de hostigar a quienes piensan y escriben distinto se va extendiendo lentamente y provoca secos nudos en la garganta.
Eso ya es observable en Ecuador (donde la cosa vino con apanado a parte de la prensa peruana incluido) y algo menos en Bolivia. Y no es negocio para nadie, especialmente para los procesos de cambio que se quiere impulsar, a los que se puede poner cabe con estos delirios o con una prensa estatal lisonjera, cuadrada, con tenue imaginación.
¿Que se necesitan más voces en el espectro mediático? ¿Que los gobiernos tienen derecho a defenderse? ¡Pero claro! Solo que no se entiende qué tiene que ver eso con los juicios aceleradísimos, las indemnizaciones siderales, las leyes sospechosas. No pues. Si se quiere entrar a debatir, déjese el poder del abuso al lado y que pasen las ideas.
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