La victoria de Danilo Medina, del oficialista PLD (Partido de la Liberación Dominicana), el domingo 20 de mayo, puede leerse en tres claves: la del crecimiento macroeconómico (entre 4 y 7% en los últimos 7 años, que también fueron del PLD), la de las tribus políticas y la del profundo abismo social de la isla caribeña.
Como ocurre con el Perú, República Dominicana ha sido elevada al Olimpo feliz de los países que atraen inversiones a un ritmo casi merenguero. De acuerdo con datos oficiales, recibe el 30% de los capitales que van a El Caribe y el 50% de los que llegan a Centroamérica, lo que significa unos 2.000 millones de dólares anuales.
A eso se suman otros 2.000 millones de dólares, o más, de remesas del exterior, especialmente desde EEUU y un PIB per cápita de 5.538 dólares. Nada mal para un país de 10 millones de habitantes, pero que, para variar, adolece del viejo y cansado truco de que las cifras no cuadran con el diario sufrimiento social.
La pobreza, en este destino turístico acariciado, bordea el 40%, el desempleo alcanza el 14%, la delincuencia se expande y, para matizar la noche dominicana, los apagones son frecuentes, debido a los problemas de abastecimiento de energía. Unas coordenadas, en suma, que el PLD no ha podido neutralizar, pese a su éxito electoral.
Pero está allí porque, junto con el PRD (Partido Revolucionario Dominicano), copa el cotarro político. Medina fue candidato en el 2000, precisamente frente a Mejía, que entonces triunfó. Y su candidata a la vicepresidencia es Margarita Cedeño, la esposa del presidente, Leonel Fernández, quien ha gobernado ya 3 periodos.
Todo en queda en familia, aunque en melancolía de bachata para esa gran masa de dominicanos que, a pesar del “éxito” económico, no la ven. Por supuesto: la gran llave de la estabilidad es la macroeconomía, solo que entre estos abismos sociales, y con una tributación de apenas 14%, el baile no parece muy inclusivo.
Lo curioso es que el PLD es ahora un frente, digamos, liberal, pero irrumpió en 1973, como un partido que luchaba por “la justicia social”, de la mano del legendario escritor y ex presidente Juan Bosch. El paso de la “liberación” a lo “liberal” parece un signo de los tiempos, que sin embargo no produjo mucha igualdad
Bosch escribió que “el Caribe es como la vida misma, contradictorio y hermoso, mísero y rico, duro y generoso”. Y señaló a la vez que tiene “otra faz”, la de los hombres que creen “en la libertad, la justicia, la belleza”. Sería interesante que sus herederos políticos sigan ese derrotero y hagan llover más café en el campo.