Ha llegado la hora de la verdad política y electoral en Venezuela. Terapéutica inclusive. Con la inscripción oficial del opositor Henrique Capriles, y la del recontra reincidente candidato presidente, la baraja real de los comicios se abre, comienza la campaña y surge la necesidad de que los frentes en pugna se pongan en forma.
Para el mandatario y el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), que van en alianza con el Partido Comunista y otros grupos, la coyuntura es complicada, aun cuando tienen hartas ventajas comparativas. Si es cierto que es un postulante en situación delicada, o al menos convaleciente, ya no bastarán los tuits o grabaciones.
Hugo Chávez tendrá que aparecer más, no solo para que su campaña deje de ser virtual o misteriosa, sino porque, durante años, su fuerza ha estado en su voz bronca y desafiante, en sus mítines desbordantes y respondones. Su ausencia, o su intermitencia, en la escena pública puede terminar afectando su imbatible rating electoral.
A Capriles, en cambio, la enfermedad del presidente le da un aire de empuje, aunque también lo reta a manejar el asunto con habilidad de cirujano. Un líder con tanto arrastre como el “Comandante” trasmite con facilidad un aire épico en las actuales circunstancias, que crecerá si su contrincante se muestra poco generoso hacia él.
De allí que el candidato de la Mesa Unida Democrática (MUD) y otros colectivos (33 organizaciones lo apoyan, todo un récord) se haya cuidado de no deslizar una mínima alusión torva hacia Chávez. Más aún: ya ha anunciado que, de triunfar, gobernará también para los chavistas, con lo que lanza un guiño a una futura transición.
A su balsámico anuncio de unidad nacional, Capriles le ha añadido una receta que sabe atractiva hasta para el chavismo desencantado. Tres pastillas de esperanza para la Venezuela de hoy: empleo, educación y sobre todo seguridad, algo que al ‘Socialismo del Siglo XXI’ se le fue escandalosamente de las manos y las calles.
Pero la impronta bolivariana ya lleva 14 años en el Poder, desde 1998, y ha echado muchas raíces como para recibir un electroshock en la votación del 7 de octubre. No es solo un frente político; es –y lo he comprobado in situ de visita en estos años– un sentimiento social, fuertemente encarnado en la figura del militar de Barinas.
No es extraño, por eso, que en las filas chavistas la lucha no sea tanto por una sucesión. Aunque tendrán que planteárselo si la medicina da más señales de alarma, la puja es por mantener a Chávez en la candidatura, contra viento y tumores, pues él es casi todo: el líder, la figura mediática y política, el Comandante en jefe, el candidato ganador…
