Por Idel Vexler
La Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Decana de América, es fuente de sabiduría, historia, cultura, competitividad y compromiso con la construcción permanente de nuestra Nación. Este gran prestigio del que goza la ha hecho merecedora recientemente de la Acreditación Internacional para el Desarrollo Institucional Integrado a cargo de la Red Internacional de Evaluadores (RIEV), lo que refrenda su calidad para cumplir su misión educadora de excelencia.
Hoy en día la Facultad de Educación de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y su Escuela de Postgrado asumen el reto de promover y apoyar activamente el desarrollo personal, profesional y social-comunitario de los maestros que trabajan en las instituciones educativas públicas del Perú, en respuesta a las demandas actuales de aprendizaje de los estudiantes, en el marco de las teorías educativas modernas, el avance incesante del conocimiento, la diversidad nacional y el mundo globalizado.
Precisamente, en el año 2007 cuando decidimos iniciar la capacitación de los profesores a escala nacional la primera universidad en la que pensamos fue San Marcos, y en la Casona realizamos la inauguración del PRONAFCAP. Fue esta institución del más alto nivel académico la primera que asumió el reto y lo sigue cumpliendo con creces. Esta vocación formadora de la Universidad se remonta a la época en que el Dr. Sebastián Lorente y Benel, Decano de la Facultad de Letras, solicitara que la Universidad forme al profesorado para los colegios de la república.
San Marcos recoge, sin lugar a dudas, la tradición y el legado de reconocidos educadores como José Antonio Encinas Franco; Enrique Guzmán y Valle; Pedro A. Labarthe; Carlos Cueto Fernandini; Pedro Coronado Arrascue; Luis Miró Quesada; Augusto Salazar Bondy; Emilio Barrantes Revoredo; Luz Valcárcel, entre otros.
Por eso, por lo que significa San Marcos, no puedo dejar de expresar mi reconocimiento a su Rector y a su Comunidad Universitaria por haberme honrado con la Medalla de Honor Sanmarquina en el grado de Gran Cruz. Distinción que fortalece mi espíritu y mi voluntad para seguir trabajando –en el lugar donde esté– lleno de optimismo, motivación y esperanza por el desarrollo educativo de nuestro país. Muchas gracias, San Marcos.
