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20 años después

Por Mirko Lauer

Las protestas de precandidatos opositores hoy convencidos de que solo las maniobras de Alan García podrían impedirles llegar a la presidencia han distraído de algo que hubiera podido ganar titulares desde el primer día: la aceptación de un Museo de la Memoria, bajo algo así como los auspicios del liberalismo político de Mario Vargas Llosa.

El anuncio de José Antonio García Belaunde es puntual, pero todavía esquemático. Vargas Llosa debe presentar nombres para una comisión, y los comprometidos originales en el tema todavía deben dar su opinión. Pero ya parece haber un cierto cambio, por la vía de esa memoria ampliada que propuso García en el primer momento.

No deja de ser irónico que en esta hora el campeón del museo sea precisamente a quien se considera el gran bloqueado por García en 1990. Pero como dice Vargas Llosa, de eso ya son 20 años. Hay en la movida un aire de segunda oportunidad, luego de la polémica y no del todo conducente experiencia a la cabeza de la comisión de Uchuraccay.

Es más o menos evidente un deseo de que la iniciativa del museo pase de lo que se ha considerado manos caviares a manos liberales, con la idea de que eso desactivará mucha polémica. Probablemente Vargas Llosa coincide. Sin embargo es difícil imaginar ese museo sin la participación de alguno de los nombres vinculados a la Comisión de la Verdad.

Para Vargas Llosa ha de haber en esto algo de satisfacción política: ha logrado convencer a García sobre una iniciativa que ya parecía borrada del mapa oficialista, y eso le dará entre muchos sectores un nuevo tipo de liderazgo que tiene que serle grato: medio moral, medio intelectual, medio político y medio independiente.

Además el museo puede terminar siendo un formidable pie para la polémica, género que el novelista sigue cortejando con gran deliberación. Acaba, por ejemplo, de declarar algo así como narradores light a Julian Barnes y Milan Kundera, entre otros. Pero que se sepa hasta el momento ninguno de los dos le ha respondido.

Pero es evidente que con su intercesión Vargas Llosa le está rindiendo un valioso servicio al país. La tarea no es sencilla, pues hay de por medio sensibilidades e hipersensibilidades, criterios técnicos en la museografía, elementos culturales, posiciones historiográficas, y no poco de muñeca política.

García por su parte ha realizado un pase natural que lo va a liberar del incómodo asunto por un buen tiempo. En una de esas la tarea revive el interés de Vargas Llosa por la política local, y allí sí que veríamos a un “defensor del modelo”. Pero eso dependerá de cómo anden los anaqueles de su propia memoria.

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Mirko Lauer Mirko Lauer

Mirko Lauer (Žatec, República Checa, 1947) Narrador, poeta, ensayista y politólogo. Es Bachiller en letras por la Pontificia Universidad Católica del Perú y Doctor en literatura peruana y latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, es autor de una amplia obra poética que comenzó en 1966 con el poema teatral En los cínicos brazos y que ha continuado con obras como Sobre vivir (1986) y Tropical cantante (2002). Como novelista, ha publicado Secretos inútiles (1992), Orbitas. Tertulias (Premio Juan Rulfo de novela corta 2005) y Tapen la tumba (2009). En 2010,publicó Bodegón de bodegones, un estudio de las artes visuales del Perú a través de su gastronomía, premio Gourmand para libros gastronómicos ilustrados.