Por Mirko Lauer
Ahora que Alberto Fujimori parece a punto de ser condenado no está de más recordar que fue el gran impulsor de la versión de Alan García megacorrupto, con hasta US$50 millones en una cuenta del extranjero. Al final las megacuentas que aparecieron fueron las de los más cercanos colaboradores del propio Fujimori.
Fernando Olivera y el resto del FIM tomaron esa posta, e invirtieron sus cinco años al lado de Alejandro Toledo en cumplir el sueño de Fujimori: la demostración inapelable de que García es el jefe de un vasto círculo de corrupción gubernamental. Olivera se quedó con los crespos hechos, y García ganó otra elección presidencial.
A pocas semanas de los 1,000 días de su segundo gobierno, García vuelve a estar bajo fuego. No hay acusación directa, pero no son pocos los exploradores mediáticos que se declaran convencidos de que al desenredarse la madeja del caso petroaudios-Business Track-Petrotech llevará directamente a una responsabilidad de García.
En ese aspecto específico están en su derecho de sospechar, suponer y opinar. Pero en torno del asunto puntual se viene desarrollando una especie de metacampaña cuyo tema es algo así como Alan García enemigo público N°1. Es más o menos el mismo tipo de clima que rodeó a Toledo durante virtualmente todo su mandato.
A Toledo le montó esos cinco años de mal ambiente la poderosa prensa de un fujimontesinismo que respiraba por la herida. Cuando hacia el final del mandato los ataques aflojaron, su popularidad automáticamente se duplicó. En estos días ya circula tan acicaladito políticamente como, digamos, su colega José Luis Bustamante y Rivero.
El caso de García es diferente. Al aliarse con parte del fujimontesinismo y declarar una guerra de dardos contra el izquierdismo político, heredó buena parte de los enemigos del japonés. Con lo cual él mismo puso en marcha un clásico de la confrontación política que es complejo y profundo, y que viene desde la primera mitad del siglo pasado.
La campaña de demolición de la imagen de Toledo tenía motivos adicionales a la venganza fujimontesinista: un presidente muy debilitado ante la opinión pública garantizaba que no se iba a poder modificar los beneficios concedidos por Fujimori al gran capital. En su momento Petrotech fue uno de esos casos.
La presencia de amigos y correligionarios hace inevitable que el caso petroaudios afecte la imagen de García, si bien no parece estar actuando mucho sobre su popularidad reciente. Falta saber si eso lo ha vuelto más vulnerable a los ataques de todo tipo que se vienen sumando a las suposiciones anticorrupción, y que hacen una noria de la política peruana.
