El temblor de 4,8 Richter en Lima es parte de una seguidilla de sismos menores en curso por todo del país. Salvo el de Pisco, 6,3, de hace unas semanas, ninguno ha causado mayores desgracias. Pero hay un ambiente de leve tensión en torno del tema, sobre todo en las zonas costeras, donde el mayor cuco es el tsunami.
Sobre las rachas de temblores hay diversas teorías. En una las rachas son buenas pues desfogan energía, y así impiden males mayores. Lo dice el antiguo refrán limeño “Mejor once temblores que un solo terremoto”. Pero en otras versiones los temblores chicos pueden ser vistos como precursores de uno grande. Ejemplos hay para los dos casos.
Hoy conocemos gracias a la red la relación de temblores diarios en el mundo: unos 25 diarios de más de 2,5, y dentro de ellos unos 10 de más de 6,0. Esta información tiene algo de tranquilizadora: no estamos solos, los temblores pequeños son la mayoría, la desgracia siempre puede ocurrir en algún otro punto del globo terráqueo.
Al mirar esas relaciones, uno tiene que preguntarse qué significa realmente la expresión silencio sísmico. Pues lo que la Tierra produce es más bien un constante estruendo. Observados en perspectiva global, casi resulta extraño que los temblores menores sorprendan, tantos hay y por tantos lugares se producen cada hora.
Lo que mantiene la sorpresa es que los temblores todavía son impredecibles en términos de día, hora y lugar. Aunque los registros históricos, la teoría de las probabilidades y los algoritmos van afinando algunos pronósticos. Para lo que importa a las poblaciones, la clave es que en las zonas sísmicas hay ciclos en que se repiten los terremotos.
La predicción de temblores para el área peruana no es dramática, pero sí llama a la cautela. Por ejemplo World Earthquakes anuncia uno de más de 6,5 Richter para algún momento entre 2015 y 2019, con el 2017 como año crítico. Pero todos intuimos que esos pueden ser plazos demasiado largos para la preocupación.
Pero la predicción tiene una utilidad limitada si no viene acompañada de la prevención. Conocer el momento exacto sin duda salvaría casi todas las vidas. Pero en las circunstancias actuales la predicción no ayudaría a salvar propiedad o infraestructura, que son cautelas de largo plazo. ¿Hay presupuesto para reforzarlas? ¿Y cuánto demoraría?
Siempre nos maravilla que los intensos terremotos en Japón produzcan tan pocas víctimas. Lo explica una fuerte inversión en ingeniería y en cultura, y un sentido práctico de las cosas. Los versos de la novena “Aplaca, Señor, tu ira, tu justicia y tu rigor” son consoladores. Pero por sí solos no son una plegaria siempre atendida.
