Los antiguos polemistas en torno al Premio Nacional a la obra del retablista Joaquín López Antay (artesanía vs. arte, 1976) se habrán sorprendido mucho. En la subasta de verano este año en el Museo de Arte, MALI, dedicada a la Amazonía, la artesanía de esta región obtuvo precios inéditos, como parte de la segunda venta más alta, casi US$ 200.000, desde que los remates empezaron.
La artesanía amazónica contemporánea de calidad está empezando a obtener precios que están más allá del exotismo. Un par de canoas shipibo-conibas ofrecidas a US$ 1.200 salieron por US$ 16.000. Una lanza de chonta matsés partió de US$ 220 para venderse en US$ 1.800. La pintura amazónica, hoy una escuela de gran vigor, también alcanzó precios llamativos. ¿Qué está pasando? Si uno promedia el caso de las piezas de artesanía, llamada también arte amazónico tradicional, la puja de los compradores multiplicó por diez el precio de partida. La Amazonía hoy suena como nunca antes en el espacio público peruano, y las dinámicas culturas de sus pobladores son en cierto modo parte de la polémica ecológica.
En verdad todo el mercado de arte está que bulle. Christie’s acaba de anunciar que su subasta de arte contemporáneo ha sido la segunda más lucrativa en el género desde que comenzó, en 1977. En este caso fue por la presencia de un acalambrante desnudo del inglés Francis Bacon, que un comprador anónimo se levantó por unos US$ 33 millones.
Los mercados de arte suelen ser inmunes a las crisis económicas, dado que siempre hay magnates que las sobrenadan sin problemas. Hoy mismo algunos asesores recomiendan mantener un pequeño porcentaje de obras de arte en los portafolios financieros. Consejo que se ve reforzado cuando no hay muchos lugares seguros donde colocar el dinero.
En el Perú de estos dos decenios el mercado de arte goza de buena salud por el boom de la construcción que llena el país de espacios, particulares y corporativos, que necesitan ser realzados, algo así como convertidos en pequeñas, y en el caso de algunas colecciones no tan pequeñas, muestras de un gusto específico.
Sin embargo en el Perú la demanda no ha disparado de manera significativa los precios del arte más cotizado. Un motivo puede ser la constante, y estéticamente solvente, expansión de la oferta. Pero si bien no hay precios fabulosos en la plaza artística, muchos objetos se están revalorando de manera significativa.
Es eso lo que hemos visto ahora con el reconocimiento económico de la calidad estética de las artesanías y cuadros amazónicos subastados en el MALI. Algo parecido sucedió el año pasado en el mismo museo con la subasta de fotografías peruanas, antiguas y modernas. No es gastronomía, pero está saliendo como pan caliente.
