Por Mirko Lauer
La secuela de la masacre de Bagua es ahora un intercambio de acusaciones. Confirmación de que se vuelve cada vez más difícil llegar a una verdad consensual en el país. Ahora lo importante es la capacidad de los medios para imponer una versión de los hechos. Con lo cual ya no hay una sola Bagua, sino por lo menos dos, ambas sin matices.
Así comenzó la historia. El lado gobierno se sacó de la manga una implausible conspiración internacional, y el lado indígenas-ONGs llenó la red de versiones perfectamente falsas sobre lo que estaba sucediendo. Desde entonces el manejo de lo sucedido no se ha repuesto del todo de ese debut anclado en las artes de la desinformatzia.
Es inevitable que este tipo de manejo produzca algunos planteamientos que desafían la lógica. A pesar de que los muertos han sido más del doble que los demás, hay voceros políticos que simplemente se niegan a aceptar que los nativos de Bagua también son responsables de la masacre. Los argumentos para llegar a esto son alambicados.
El informe oficial sobre Bagua se niega a establecer con todas sus letras que las leyes amazónicas de marras fueron provocadoras y mal dadas. El candidato Ollanta Humala se niega a reconocer que el objetivo de sus congresistas fue azuzar la combatividad de la masa nativa. Lo cual por cierto no equivale a incitar a una masacre, pero sí conlleva responsabilidad.
El manejo ineficiente, y en esa medida irresponsable, de las fuerzas del orden está más o menos claro para todas las partes, y lo mismo vale para quienes asumieron la conducción de la protesta popular. Pero no existe ni por asomo una versión convincente acerca de quién encendió la chispa de la violencia asesina.
El informe Bagua tiene serias limitaciones, unas impuestas por las circunstancias, otras por el método algo monográfico elegido. Pero las respuestas de los dos disidentes de la comisión no son nada convincentes. Por ejemplo porque reclaman cosas (como entrevistas no hechas) que ellos mismos hubieran podido aportar, y presentar ahora.
Luego están las preguntas del 2010. ¿Siguen descontentos los nativos de Bagua y alrededores ahora que ya no hay esas leyes? ¿El espíritu de la Curva del diablo sigue activo? De ser así, ¿Humala ha asumido la representación de ese estado de ánimo, y tiene proyectos al respecto? ¿El gobierno hará algo para estabilizar la zona?
Al menos una de las preguntas ya tiene respuesta: Humala anuncia su propia investigación de los hechos. Uno hubiera supuesto que sus declaraciones y las de sus congresistas ya provenían de un entendimiento claro de lo que ha sucedido. Pero parece que no es así. ¿Incluirá en su propia comisión a los dos que renunciaron a la que acaba de emitir su informe?
