Por Mirko Lauer
Los cables secretos enviados a Washington por la embajada de los EEUU en Lima en 2009 y ahora destapados por Wikileaks son piezas del máximo interés, por varios motivos. Como era de esperar, el departamento de Estado sentía entonces que aquí la lucha contra narcos y senderistas no avanzaba mucho. Los cables diplomáticos ensayan algunas explicaciones.
La información se apoya en buena medida en una persona, que funciona como una combinación de informante y analista, cuyos planteamientos el embajador que firma el cable toma con cierta reserva, pero en última instancia los usa para dar al departamento de Estado una imagen de lo que está sucediendo aquí. ¿Es un personaje de sus propios servicios secretos?
La versión que maneja la embajada es con pelos y señales. La hipótesis central es que la guerra en el VRAE no avanza más porque hay altos mandos cobrando cupos y recibiendo otras formas de pago del narcotráfico. Además hay nombres propios de oficiales (los cables en inglés aparecen en la página web de este diario) vinculados a actos concretos de narcotráfico.
Otro aspecto interesante es el status de esta información. ¿Llegó a ser compartida con el gobierno peruano? Entre líneas aparece un gobierno peruano preocupado por el tema y ejerciendo presión sobre los uniformados para lograr resultados en el VRAE. Pero visto desde hoy, bastante más de un año más tarde, en el campo de la corrupción no pasó nada.
Es poco probable que los despachos de un embajador sean la única guía de Washington para formarse una idea de la situación peruana. Debe haber más de una media docena de agencias, entre civiles y militares, dedicadas a la misma tarea, y un número parecido de comités dedicados a evaluar el conjunto de lo recibido.
Entonces debemos suponer que lo destapado es parte de una imagen más amplia de lo que la embajada de los EEUU estaba viendo sobre narcotráfico, SL y militares entre el 2007 y el 2009. Después de todo son más de 1,500 wikileaks que hacen cola ante los servidores, aunque ya sabemos que no todos son sobre el conflicto interno en el Perú.
Pero no importa si estos cables son solo una parte de la imagen. La información que ellos transmiten es sensible, y coherente en la medida que las cosas en la lucha contra SL o el narcotráfico no han avanzado mucho, como si en efecto hubiera mucha arrastradera de pies en el asunto. Tampoco hay muchas explicaciones alternativas a las de los cables.
Una idea de impacto que surge ahora es que la red montesinista sigue gozando de buena salud. Pero lo que ahora se llama red no era sino el control absoluto de un alto mando entre contento y asustado por parte de Vladimiro Montesinos. Es la actitud general la que parece haber sobrevivido, como una suerte de cultura corporativa, y no una red específica.
