Por Mirko Lauer
Mekler: viene el cuco
El congresista Isaac Mekler se ha autoasignado el papel de vocero sindical de los uniformados del bono extraordinario, y anuncia la posibilidad de una huelga si este no les es entregado. Con lo cual se termina de poner en evidencia la naturaleza irregular de este intento de dar al Congreso iniciativa de gasto.
Debemos considerar una coincidencia que Mekler haya gritado lobo en vísperas del 35º aniversario de la huelga policial contra el gobierno de Juan Velasco Alvarado. Desde entonces la posibilidad ha sido un cuco permanente, a la vez que una forma oblicua de recordarle al país lo mal que ganan los policías.
Como presión sobre el Ejecutivo la maniobra parlamentaria está funcionando. El MEF anuncia que está considerando formas de hacerle un aumento de sueldo regular al sector peor pagado de la Fuerza Armada y la PNP. En efecto, ya era hora. Buscar seguridad y a la vez pagar mezquinamente a los encargados de ella es una fórmula autoderrotista.
También es una fórmula suicida que los congresistas empiecen a repartir dinero de la caja fiscal entre la población. Pues la lista de quienes agradecerían un bono extraordinario es larga. Como la propuesta de uno para los militares va a surtir un efecto indirecto, debemos prepararnos para nuevas iniciativas de este tipo.
Las necesidades de las fuerzas del orden son enormes, y no solo en cuanto a los ingresos. La infraestructura para operar (armas, logística, comunicación, nutrición, instrucción) ya es visiblemente más pobre que la del narcotráfico en todas sus etapas, que es el eje articulador del crimen violento en todo el país.
No es solo un asunto de ingresos. Más dinero sin reorganización no va a producir resultados. Quienes manejan la institución han venido mostrando la misma resistencia que el Sutep a vincular ingresos con méritos, por ejemplo. Con lo cual el único camino para mejorar los ingresos es ascender, y no especializarse o descollar.
Si el Congreso considera que su bono compensa lo poco que se ha hecho en estos años para resolver los temas de fondo de la PNP y la Fuerza Armada en cuanto instituciones públicas, se equivoca. La última vez que se trató de reformar en serio a las fuerzas del orden fue en el 2001. Un oportuno lobby se encargó luego de desanimar a Alejandro Toledo, para siempre.
El Ejecutivo debe ser enérgico en lo de desanimar al Congreso de emprender aventuras financieras que no le competen, y a la vez debe pisar el acelerador en el tema del aumento permanente. No se puede andar cantando grandes éxitos económicos, especialidad de la ministra, y mantener a los servidores públicos en virtuales harapos.
