Por: Mirko Lauer
Hugo Chávez acaba de escalar su congelamiento de relaciones con Colombia cortando algunas líneas de comercio entre los dos países, cuya balanza bilateral suma US$5,000 millones. La idea es empezar a reemplazar esas importaciones con productos de Brasil y Ecuador. Es una decisión arriesgada para una economía en 30% de inflación anual.
La frontera entre los dos países es larga y porosa, y por ella pasa la tercera parte de los alimentos que consume Venezuela. Es probable que Colombia resistiría mejor el mediano plazo de una guerra comercial así, si acaso las cosas llegaran a ese extremo. Pero si Chávez persiste, probablemente tendría que pasar a mayores en poco tiempo.
La irritación de Chávez responde a la coincidencia del acuerdo militar de Álvaro Uribe con los EEUU con serias denuncias colombianas sobre armas y droga en las relaciones entre el chavismo y las FARC. Esto último como parte de la secuela de la captura de material de la laptop de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano el año pasado.
Según la revista bogotana Semana las armas suecas del ejército venezolano encontradas en poder de las FARC la semana pasada ya figuraban en correos electrónicos alojados en la computadora de Reyes. En los mismos correos se menciona a un par de prominentes generales del cogollo chavista, uno de ellos el jefe de la inteligencia militar venezolana.
Como además –siempre según Semana– este último general, Hugo Carvajal, aparece desde el año pasado en la lista de Specially Designated Narcotic Traffickers del gobierno de los EEUU, todo el incidente que va de la laptop a los lanzacohetes suecos cobra un preocupante aroma a droga. Caracas dice que son infundios, Bogotá dice que son pruebas y pistas.
Paradójicamente acudir al garrote comercial como acaba de hacer Chávez refuerza la imagen de una Colombia acosada por las FARC y el ELN, el narcotráfico y la creciente ojeriza de un Hugo Chávez que va profundizando sus contactos con la parte más contestataria de la geopolítica. Si los problemas de Chávez crecen, se irá volviendo un vecino aun más complicado.
Por su parte Chávez no ha dado respuestas claras al ciclo de la laptop de Reyes, ni ha querido hacer deslindes tajantes con la subversión en Colombia. Se ha limitado a desmentirlo todo y atribuirlo a la mala fe de sus críticos. Uribe no parece sentirse incómodo con el crecimiento de esta imagen de un enemigo externo.
Desde una perspectiva peruana este incidente y algunos anteriores tienen interés pues ponen sobre el tapete los alcances de una disposición de Chávez a intervenir en la política de otros países de la región, más allá de canjear petróleo por apoyo internacional o impulsar obras de beneficencia médica.
