Estimado Mirko:
Recuerdo como estudiante ochentero cuando el profesor Heraclio Bonilla nos contaba que la guerra con Chile se perdió porque mientras los soldados chilenos (heridos) le respondían a Petit Thouars (sí, el de la avenida) que ellos peleaban por Chile; los heridos peruanos respondían que ellos peleaban por “mi general Cáceres“, o por el “general Iglesias”.
Y así fue al parecer. Realmente ¿dónde están las efectivas unidades de investigación de la prensa peruana, tan certeras en los temas políticos, para dar a conocer a los ciudadanos qué sucede realmente en una selección de tanta frivolidad y tan poco trabajo en equipo? ¿Para qué “general” están realmente jugando cada uno de los jugadores (sobre todo los “extranjeros”)?
Haciendo un aparte de los conflictos sociales, que deben resolverse democráticamente y con la ley, veo la esperanza de tantos niños, jóvenes y adultos por la selección, por el fútbol, por lo matemáticamente posible en Uruguay, y me pregunto: ¿Los dirigentes, los “tres fantásticos”, Markarián y sponsor están a la altura de esta legítima fe colectiva? ¿Dónde está la prensa crítica en el deporte? Tan mal negocio es pinchar un globo de ilusiones que tanto fulmina el sentido de la realidad, tan necesario para resolver problemas de verdad.
¿Alguien –periodista o psicoanalista– puede averiguar por los lesionados de la selección a medida que lo difícil se acerca? ¿Habrá pugnas internas entre grupos de jugadores que la cabeza publicitaria de Markarián no puede resolver? ¿Es cierto que en Chile se perdió porque uno de los “fantásticos” llegó a las 7 a.m. a su hotel y todos sabían, nadie quiso denunciar y la moral se cayó?
¿Cómo es eso que un jugador se intoxica con la comida que supuestamente todos comen? El fútbol es una empresa, por supuesto que lo es. Pero las empresas más audaces (y con tanto accionista sentimental como en el fútbol) deben ser más racionales y es lo que menos somos. Se convoca y se desconvoca a los “extranjeros” y a los “nacionales”. ¿Se incluye a un lesionado a pedido del lesionado?
Un amigo me decía: “¿Qué se puede esperar de un entrenador lleno de marcas en todo el cuerpo, tan distante a Pekerman (Colombia) o Sabella (Argentina) que lucen ternos sobrios cuando juegan sus selecciones?” ¿Qué esperamos de un entrenador que se presta por publicidad a “convocar” a un gringo buena gente que solo fue sheriff para la magnífica campaña de Marca Perú y que en su vida ha jugado fútbol?
¿Qué se puede esperar de jugadores (no todos) que en vez de jugar por el Perú saben que sus piernas y lo que les pagan por ellas valen más que cualquier aventura patriótica? Cuando en la celebración por el gol con Paraguay las cámaras enfocaron sólo a cuatro “fantásticos”, abrazados y posando, excluyendo al resto del equipo, me surgió la sospecha de que lo que menos había era una selección coherente y con liderazgo; sino que otra vez estábamos cayendo en lo mismo: en el mal negocio antes que en los grandes objetivos; en la argolla antes que en el país.
Con un saludo,
Javier Barreda
