Estimado Mirko:
De vuelta en Quito y se me ocurre que es buena oportunidad y buen escenario para celebrar la iniciativa de Mario Vargas Llosa y Jorge Edwards de convocar a distinguidas figuras de Perú y Chile para suscribir un manifiesto que invoque la concordia entre ambos países. Esto ahora que estamos a la espera del fallo de la Corte Internacional de Justicia, a la que se concurrió, debo subrayar que civilizadamente, para dirimir una controversia jurídica.
Digo buena oportunidad para celebrar esta iniciativa porque permite mirar el futuro con optimismo. Igual que los firmantes del manifiesto, creo que terminado el proceso de La Haya se amplían las posibilidades de una mayor y más rica integración entre peruanos y chilenos y que desde ahora debemos trabajar para que ese proceso cristalice, evitando caer en la tentación del discurso nacionalista exacerbado o claramente belicista.
Dos hechos refuerzan el optimismo. El primero es la reiterada manifestación tanto de nuestro gobierno como del de Chile de acatar sin reservas el fallo que venga de la Corte de La Haya. Esto ha sido destacado a ambos lados de la frontera. Pero hay además un hecho que habiendo pasado inadvertido es de lo más alentador: la buena acogida con que ha sido recibido este manifiesto.
Quienes recordamos que en 1979, con motivo del centenario de la guerra del Pacífico, Vargas Llosa y Edwards tuvieron una iniciativa igual y que la misma fue mal recibida por muchos en los dos países debemos alegrarnos de que esta vez la acogida haya sido amplia y que hayan aparecido voces estridentes, que abundaron hace 33 años. Hemos avanzado en la cultura de la tolerancia y por tanto de la paz.
Pero decía al inicio de esta carta que no solo era una buena oportunidad sino también un buen escenario. No debemos irnos a la vieja Europa para buscar ejemplos. Los tenemos aquí en casa. Después de más de un siglo de confrontaciones diplomáticas y militares, Perú y Ecuador han logrado un nivel de relaciones de una profundidad y amplitud inéditas.
No hago retórica fácil cuando digo que son relaciones fraternas, esto es que somos y nos comportamos, ahora sí, como países hermanos. Me tocó a mí, gobernando Alan García, la responsabilidad honrosa de trabajar para llevar esa relación a su nivel más alto. Debo decir que esa voluntad nuestra encontró en el presidente Rafael Correa y su gobierno interlocutores con el mismo afán de construir un futuro de integración y paz para nuestros pueblos.
¿Podríamos replicar esa historia con Chile? Yo sí lo creo, y lo deseo sinceramente.
Un saludo,
José Antonio García Belaunde
