La última encuesta nacional de GFK/Conecta no solo muestra que la aprobación de Ollanta Humala ha caído por debajo del 50%. También revela que esta pérdida de terreno se da en medio de un importante cambio en el clima político general. Como ya han señalado varios comentaristas, la tregua y el teflón parecen estar de salida.
Quizás el giro más dramático es la subida de 11 puntos de quienes se identifican más con la oposición. Hoy son 42%, frente a un 47% que se sigue identificando con el gobierno. Al ritmo que va la cosa lo opositores serán mayoría en muy poco tiempo. De hecho en los estrato C, D y E ya hay un virtual empate entre los dos sentimientos.
Lo anterior se refuerza en el sondeo sobre aprobación general del gobierno, es decir, sin la palabra oposición. Salvo el sector A/B y los encuestados del centro del país, en todas partes la desaprobación le gana a la aprobación. En medio de esta situación solo la aprobación de Nadine Heredia ha subido, un par de puntos, a un envidiable 62%.
La encuesta no explora a qué tipo de oposición se refieren quienes declaran preferirla, y las respuestas circundantes al tema no permiten discernirlo muy bien, más allá de que no sabe no opina está decreciendo. Pero más parece una forma de expresar distancia respecto del gobierno que la opción por alguna alternativa concreta.
La oposición más afilada desde que comenzó el gobierno es el liderazgo de los conflictos político-ambientalistas. Sin embargo esta encuesta (y ninguna de las demás) da la impresión de que este conflictivismo tenga un arrastre importante y diferenciable entre la población, ni siquiera entre los sectores menos favorecidos.
La sensación es que el rechazo por el momento solo se está expresando como la apertura de una casilla vacía donde el gobierno no es querido, pero que todavía no se quiere llenar con una alternativa. Quizás señal de que las disponibles no están convenciendo a los desafectos. Como si hubiéramos pasado del teflón al llamado de atención.
Esto puede tener que ver con que la derecha está dedicada a cuidarle las espaldas al oficialismo, y en consecuencia no desarrolla una expresión independiente, y la izquierda es asociada, un poco mecánicamente, con la creciente constelación de protestas radicales, de Bagua a Espinar, pasando por Puno o Cajamarca.
Pero este vacío en el sentimiento opositor no va a durar para siempre. La salida de los ministros de Defensa e Interior creó un precedente que no será tan difícil replicar si la sensación de gobierno débil se agudiza, y de hecho se está agudizando con cada nuevo conflicto y con cada nueva demanda calculada para ser imposible de satisfacer.
